Echo de menos la ternura de tus ojos,
esa forma de quererme,
espero que me hayas sentido espejo.
Echo de menos nuestras tonterías,
las muecas que ponías,
la excéntrica complicidad que surgía
tan automática
que pensé que sería para siempre.
Echo de menos llamarte por teléfono,
gritarte MADREEE alargando la E
hasta quedarme sin aire
escuchar tu réplica y tu risa, Hijo, estás tonto
El mundo a veces podía ser un infierno
pero ahí estabas con tu dulce brisa
y ya sé que el tiempo avisa
pero la primera primavera sin tí siempre iba a ser pronto.
Echo de menos besarte la frente por la noche
antes de dormirte
tus reflexiones somnolientas, incluso las más tristes.
Ahora eres mi Nebraska,
mi tierna estampa,
un amor que es para siempre,
trasciende esta vida
y más allá de esta vida existe.
Ahora eres el agua clara que cae por esa cascada
donde lavo mi cara y mi corazón cada mañana;
eres el pájaro en la rama al trasluz de la ventana
endulzas con tu canto el ruido de las persianas,
de los lunes, de las nadas, de las pocas ganas cotidianas.
Nos soñaré comiendo ancas de rana
en la casa que planeabas al pie de la cala,
sonriendo entre las flores amarillas de las retamas;
me enseñarás el mar
como si la niñez fuese otra vez cada mañana.
Como si nada.

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