Qué aburridas ambiciones esas que gastas,
le dije.
Érase un hombre, o algo parecido,
pegado un maletín
con la pose de los aspirantes a cineastas
que se compran la vocación
en un rastro exclusivo para adictos a fingir.
Según llamó a la puerta,
le ví venir.
Con desquiciada rapidez
sacó un catálogo de cuestionable gusto
y, sin más preámbulo, espetó:
"tengo el largometraje perfecto para tí".
A las cuatro de la tarde
uno no tiene paciencia para cosas así.
"¿Cómo dice señor?"
Que qué aburridas ambiciones, repetí.
Me creeré tu película
cuando no vea venir los créditos.
Tu dios follándote en dieciséis novenos
y tú gimiendo en variados registros
de incuestionable mérito...
...Eso sí es bello realismo;
grábalo y vuelve cuando quieras,
que te compro copias y copias
como para que sobren después de repartir.
El hombre, todavía pegado a su maletín,
entró en el ascensor
mientras ultimaba mi oferta más sutil.
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17 agosto, 2015
05 julio, 2015
DE ETIQUETA
Siempre he odiado a la gente que parece
perfecta. No por envidia, ni por simple y absurdo celo visceral,
quizás por vergüenza. De no saber si fingen o aciertan. O puede que
las dos cosas, si piensan en confundir más que en conocerse y
crecer.
A los observadores siempre se nos viene
el mundo grande. Vigilamos un plano, una composición. Cosas inertes,
gentes con vida. Las cosas decoran, parecen y hacen parecer, pero no
son dinámicas sin alguien a su lado, dándoles juego, tocándolas,
otorgándoles la vida intermitente que, de otra forma, nunca
tendrían. Con las personas todo es distinto. Las atamos a los
dieciséis novenos de sus circunstancias en formato estático y si,
por error, le damos a grabar video ellos siguen la cadena de ese
error, se detienen y sonríen para la foto. En la cibersociedad el
mundo gira así, con pausas para registros, ítems que ayudan a
resumir aunque signifiquen generalizar. Carne de red social, el
animal humano se vuelve menos animal y menos humano queriendo definir
lo imprevisible, etiquetando lo imposible de definir con una sola
unión de letras, una sola perspectiva para dibujantes y fotógrafos,
una sola secuencia sin diálogos, voz en off ni gestos cambiantes.
Reduciéndose al instante, al hecho sin matices, la sinopsis aburrida
y facilona.
A los observadores siempre se nos viene
el mundo encima. Te tumbas en pleno verano a ver la lluvia de
perseidas. Las ves aparecer y desaparecer, de una en una, y al rato
te descubres intentando abarcar todo el cielo, barriendo el universo
con una dinámica obsesiva, a ver cuántas coinciden en un mismo
segundo de fama. Entonces el universo cae y te las pierdes todas.
Parecía buena la idea pero no, no obedece a la naturaleza de
nuestras retinas ni a la esencia misma del arte del deleite.
Necesaria singularidad.
Siempre he odiado a la gente que parece
perfecta. Quizás por vergüenza. Menuda contradicción, haberse
acostumbrado a juzgar sin saber. Si fingen o aciertan. Si sonríes y
aceptas esa forma de ganar, perder, simplificar. O dar un paso atrás
para volver a aprender. Sin aceptar. Sin sucumbir a ser o convertir a
quien tienes enfrente en otra puta etiqueta.
Siempre he odiado a la gente que parece
perfecta, sí. Consciente de que no existe, o no debería. A los
observadores nos pierden las imperfecciones. Las taras, los errores,
la suerte. Las casualidades que nos marcan, sin más.
29 junio, 2014
ARROBO
Arrobo juega cada día su propio ahorcado
entre un montón de tecnología
con y sin cable que él mismo ha comprado
para un revival adaptable
a las nuevas leyes del salvaje mercado.
Se enreda fácilmente
con lo que da de sí su ratón
router, cargador y móvil,
PC, cámara con vibrador
y kilómetros de hipertensión.
Es un hombre de filtros,
según confiesa en su Instagram,
y siempre se siente exiguo
sin una nueva memez para mostrar.
Arrobo repite los manidos argumentos
que escucha en la radio;
es el mismo borderline sin conocimiento
con algo más de vocabulario.
Muy dado a la sobreinformación oficial,
dice saber de todo
y es el perfecto artista multidisciplinar,
a la hora de hacer fotos,
grabar, escribir, pintar y pseudocriticar;
vive más extramotivado
que TVE retransmitiendo desde la Casa Real.
Fiel creador de la vil profesión
de reinterpretar al camaleón
en el guión que escribe su mente.
Con lengua de serpiente
y humildad de ególatra frustrado
te da educadamente una mano
y con la otra dibuja su traición.
Él, que se comía las pollas dobladas
y a sus "inferiores" torturaba
cuando todo iba mucho mejor,
ahora también las engulle
deja fluir e incluso a veces traga
y finge que nunca hizo nada
mientras protesta con perfecta dicción.
Arrobo saborea bellos púbicos
representando la opinión pública
con su ridiculación coyuntural
del eterno impune,
que lee su necrológica un viernes
para verla olvidada al siguiente lunes.
Cree todo es como la Transición española,
que se olvida todo lo que hiciste
si te conviertes en un "tweepster"
y respaldas por Internet tu fe impostora.
Anarcomunazi y también de centro,
todos podemos identificarle
menos él mismo, que lo lleva dentro.
29 agosto, 2009
Sádicos sicarios

Encuentro la paz en suaves silencios, breves instantes,
hasta que un ruido por inercia me devuelve al crudo presente...
Como lo que el preso siente cuando es inocente
y bajo el mazo del juez hay un traje de culpable.
Sentencias te destruyen cuando pides que nadie hable,
al hombre le encanta joder lo que para otros es intocable...
Falsas conciencias que por inercia dictan sentencias,
puedes ser libre, mientras no toques su enjambre.
Y hay letras con acentos que matan,
comas que atan
y minúsculas que maltratan,
también mentiras vestidas de camaleón
por una técnica llamada retórica,
perfecta para explicar el eterno estado de excepción.
Y lo militar se pinta de paz legítima
con buenas dosis de cosméticos,
el rigor de una impecable estética,
métrica tétrica es la teoría de la práctica,
esconde tus flechas, tu esvástica,
con un rey y bipartidismo político
y tendrás el éxito de un espectáculo pirotécnico
Es así, informativos muestran invasiones
con trajes de luces y emocionantes explosiones...
Contradicciones, pero nadie siente nada,
la rutina del terror, al fin y al cabo, no es un error
sino una gran jugada…
Su director… Endiosada maquinaria global
dejada del beneplácito del ciudadano leal
que confunde bienestar con honestidad,
devoto de votos al mejor postor,
aunque sea otro apóstata apostol.
Que es muy fácil hablar con los bolsillos llenos,
pero no hay veneno tan certero como el miedo
a que un día toque repartir la tarta
y no comer más a la carta, aunque haga falta
para que la injusticia no sea una lacra intacta.
Mira de uno a otro hemisferio...
Llegará un momento en que vivamos en aristas
con máscaras de suicidas terroristas
para escapar de tanto tedio.
En serio, qué hablas de odio, observa el asedio,
otro episodio de lo que siembra su puto imperio.
Ansiaremos ser el sádico sicario que acaba con ellos,
uno a uno, sin pausa, que sea el empeño.
¿O acaso no merece el que así su poder mece
que sangre su abdomen con el pico del dolmen
fabricado a su orden para la memoria posmortem?
Historia del insulto, otro dictador, juez, militar,
pseudónimos de ab-uso de la autoridad.
Escribe otra farsa que amanse a las masas
desde el opulento flexo del discurso inconexo,
pero un apunte:
la realidad tiene dos caras, el haz y el reverso,
y puedes engañar durante algún tiempo
pero las verdades salen a flote,
por mucho que las retoques
el boca a boca también hace memoria
Sí… Lo demostró la historia,
la retórica de los poderosos
es el absurdo del borde del acantilado rocoso,
donde todo aparenta ser muy duro
pero sólo esconde miedos para asegurar futuro.
Confío en el cambio
que empieza por lo propio,
no en la autoconciencia del hombre
cuando por inercia engaña a su hambre
mientras se dice libre entre alambres…
Buscar primero que no nos cambien.
hasta que un ruido por inercia me devuelve al crudo presente...
Como lo que el preso siente cuando es inocente
y bajo el mazo del juez hay un traje de culpable.
Sentencias te destruyen cuando pides que nadie hable,
al hombre le encanta joder lo que para otros es intocable...
Falsas conciencias que por inercia dictan sentencias,
puedes ser libre, mientras no toques su enjambre.
Y hay letras con acentos que matan,
comas que atan
y minúsculas que maltratan,
también mentiras vestidas de camaleón
por una técnica llamada retórica,
perfecta para explicar el eterno estado de excepción.
Y lo militar se pinta de paz legítima
con buenas dosis de cosméticos,
el rigor de una impecable estética,
métrica tétrica es la teoría de la práctica,
esconde tus flechas, tu esvástica,
con un rey y bipartidismo político
y tendrás el éxito de un espectáculo pirotécnico
Es así, informativos muestran invasiones
con trajes de luces y emocionantes explosiones...
Contradicciones, pero nadie siente nada,
la rutina del terror, al fin y al cabo, no es un error
sino una gran jugada…
Su director… Endiosada maquinaria global
dejada del beneplácito del ciudadano leal
que confunde bienestar con honestidad,
devoto de votos al mejor postor,
aunque sea otro apóstata apostol.
Que es muy fácil hablar con los bolsillos llenos,
pero no hay veneno tan certero como el miedo
a que un día toque repartir la tarta
y no comer más a la carta, aunque haga falta
para que la injusticia no sea una lacra intacta.
Mira de uno a otro hemisferio...
Llegará un momento en que vivamos en aristas
con máscaras de suicidas terroristas
para escapar de tanto tedio.
En serio, qué hablas de odio, observa el asedio,
otro episodio de lo que siembra su puto imperio.
Ansiaremos ser el sádico sicario que acaba con ellos,
uno a uno, sin pausa, que sea el empeño.
¿O acaso no merece el que así su poder mece
que sangre su abdomen con el pico del dolmen
fabricado a su orden para la memoria posmortem?
Historia del insulto, otro dictador, juez, militar,
pseudónimos de ab-uso de la autoridad.
Escribe otra farsa que amanse a las masas
desde el opulento flexo del discurso inconexo,
pero un apunte:
la realidad tiene dos caras, el haz y el reverso,
y puedes engañar durante algún tiempo
pero las verdades salen a flote,
por mucho que las retoques
el boca a boca también hace memoria
Sí… Lo demostró la historia,
la retórica de los poderosos
es el absurdo del borde del acantilado rocoso,
donde todo aparenta ser muy duro
pero sólo esconde miedos para asegurar futuro.
Confío en el cambio
que empieza por lo propio,
no en la autoconciencia del hombre
cuando por inercia engaña a su hambre
mientras se dice libre entre alambres…
Buscar primero que no nos cambien.
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