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09 octubre, 2017

SORBEMOCOS





 "Nadie es mejor por ser más grande"

Uno, ocho o doce de octubre,
si fuéseis más libres y menos parias
os tomaríais la patria
como un país de mentes vivas y no de buitres.

Sois la puta que porta una bandera
con el tamaño y la profundidad propios de un cheque;

sois el puto que agita pompones como si fronteras,
heridas de algodón, sangre de trueque.

Sois la vergüenza de la evolución,
la neurona que reniega del mono a pesar de estar sola
quien ambiciona ser por fin un troll aun nacido de gnomo

si mece, cita y obedece a Sorbemocos por "un mundo mejor".

***Info para masones, curiosos y ofendidos en el siguiente libro--> https://es.wikipedia.org/wiki/El_libro_secreto_de_los_gnomos

05 octubre, 2016

LA DESREALIZACIÓN DEL ARTE

Me sorprendieron, para mal, el comunicado de Lechowski y la entrevista de Kase O en La Cuarta Parte. Es como un puto show cooking de cuánto daño hacen los haters al arte, que hasta le crecen a los artistas los enanos de su ego. De toda la vida ha habido referentes, referencias, dulces y amargos errores y aciertos, casualidades y coincidencias. Puede que las ideas sean casi infinitas pero no los conceptos, ni las formas de crear, sentir o emocionarse, ni mucho menos las palabras. Uno se deja llevar por su orgullo (que si "se ha colgado de mi hype", que si "espero que sea un puto éxito la obra y no sea un puto coñazo y un puto tedio") y otro por sus miedos, como si se hubiese olvidado de las palabras con las que arranca su obra maestra. Y mira que he leído libros, observado cuadros, series y películas, escuchado discos y triunfado noches y fines de semana por poder ir a auténticos recitales, conciertos y festis. Lo que nunca se me ha ocurrido es revisar qué hago, después de tanto arte, a ver si va a ser dañina la experiencia, por inocente, improvisada e indomable que sea. Imagino que da igual, estando al margen de todo en este micromundo de los escritores anónimos, pero J.O.D.E.R.!!  Si las bases las imponen esos seres de la crítica destructiva y el arte termina siendo otra ley marcial.


https://www.youtube.com/watch?v=AZNNKqbg6ew

17 agosto, 2015

ATENCIÓN AL CLIENTE

Qué aburridas ambiciones esas que gastas,
le dije.

Érase un hombre, o algo parecido, 
pegado un maletín
con la pose de los aspirantes a cineastas
que se compran la vocación
en un rastro exclusivo para adictos a fingir.

Según llamó a la puerta,
le ví venir.

Con desquiciada rapidez
sacó un catálogo de cuestionable gusto
y, sin más preámbulo, espetó:
"tengo el largometraje perfecto para tí".

A las cuatro de la tarde
uno no tiene paciencia para cosas así.

"¿Cómo dice señor?"

Que qué aburridas ambiciones, repetí.

Me creeré tu película
cuando no vea venir los créditos.

Tu dios follándote en dieciséis novenos
y tú gimiendo en variados registros
de incuestionable mérito...

...Eso sí es bello realismo;
grábalo y vuelve cuando quieras,
que te compro copias y copias
como para que sobren después de repartir. 

El hombre, todavía pegado a su maletín,
entró en el ascensor
mientras ultimaba mi oferta más sutil.

29 junio, 2014

ARROBO

Arrobo juega cada día su propio ahorcado
entre un montón de tecnología
con y sin cable que él mismo ha comprado
para un revival adaptable
a las nuevas leyes del salvaje  mercado.

Se enreda fácilmente
con lo que da de sí su ratón
router, cargador y móvil,
PC, cámara con vibrador
y kilómetros de hipertensión.

Es un hombre de filtros,
según confiesa en su Instagram,
y siempre se siente exiguo
sin una nueva memez para mostrar.

Arrobo repite los manidos argumentos
que escucha en la radio;
es el mismo borderline sin conocimiento
con algo más de vocabulario.

Muy dado a la sobreinformación oficial,
dice saber de todo
y es el perfecto artista multidisciplinar,
a la hora de hacer fotos, 
grabar, escribir, pintar y pseudocriticar;
vive más extramotivado
que TVE retransmitiendo desde la Casa Real.

Fiel creador de la vil profesión
de reinterpretar al camaleón
en el guión que escribe su mente.

Con lengua de serpiente
y humildad de ególatra frustrado
te da educadamente una mano
y con la otra dibuja su traición.

Él, que se comía las pollas dobladas
y a sus "inferiores" torturaba
cuando todo iba mucho mejor,
ahora también las engulle
deja fluir e incluso a veces traga
y finge que nunca hizo nada
mientras protesta con perfecta dicción.

Arrobo saborea bellos púbicos
representando la opinión pública
con su ridiculación coyuntural
del eterno impune,
que lee su necrológica un viernes
para verla olvidada al siguiente lunes.

Cree todo es como la Transición española,
que se olvida todo lo que hiciste
si te conviertes en un "tweepster"
y respaldas por Internet tu fe impostora.

Anarcomunazi y también de centro,
todos podemos identificarle
menos él mismo, que lo lleva dentro.

13 abril, 2014

EL CASINO DE LA VIDA

Entré en el Casino de la Vida por pura casualidad. Aquella noche había cambiado de ruta al volver a casa y, doblando una esquina, lo encontré de frente. Un viejo luminoso con alguna letra apagada hacía parpadear su nombre. El edificio se mantenía en pie entre escombros y ruinas de otros por toda una calle que, sin duda, corrió peor suerte. A uno y otro lado mendigos calentándose con un bidón y vino barato, gritando al gigante que custodia la puerta. “¡Solo una vez más!¡No sabía que sería la única!”. “¡Cambié de nombre! Mira mi identificación, técnicamente... ¡No soy el mismo!”. “Todos merecemos otra!”. Entre exclamaciones me acerqué al guardián. Dos metros y medio de altura avalados por otros tantos de ancho y el aparato de fonación de un barítono dramático que se fumó a su madre.

-Buenas noches ¿Desea usted una oportunidad?

16 marzo, 2014

NIÑO VIEJO

¿Adónde vas tú, niño viejo?
Apenas quedan reflejos de tí en ese espejo,
solo un gato que tiene entre ceja y ceja
una madeja llena de complejos,
tan cegado que no capta las moralejas
ni atiende buenos consejos.

¿No sabes que vives entre fronteras invisibles?
Sean de prejuicios o ignorancia esas rejas.

¿No sabes que perdiste el alma en aquel declive?
Cuando tú tenías hambre y ellos un plato de lentejas.

Te sirven los restos en una bonita bandeja
si a cambio juras lealtad y no te quejas.

Al fondo, sobre la barra, un borracho
con su botella de ron añejo,
mirándote, callado, analizando los hechos:

"Devúelveme al niño y quédate al viejo,
con su equipaje de mentiras-objetos".

15 septiembre, 2010

T.O.C.-T.O.C.

Me dolió tanto todo que ni sentía aquel alargado metal. Pasaban las semanas y cuando no arrastraba ya dolor alguno y mi carne estaba harta de ser violada por tanto veneno noté que sencillamente no era capaz de sentir nada. Solo una especie de paz periódicamente hambrienta, como si el mundo fuera irreal y mi placentera ilusión estática la verdad más absoluta.

Era la primera vez que iba a un especialista, a escondidas de familia y amigos, y fue la última. Su primera recomendación fue demasiado simple: "No te preocupes, es solo una pequeña enfermedad, más común de lo que crees; por el momento tómate esto y dime qué día de la semana puedes venir a partir de ahora".

Esa hija de puta me dio una maldita receta mientras se frotaba las manos por haber conseguido otro cliente más, tan enfermo para su doble moral como la necesidad que había adquirido ella de vivir como una Diosa material saqueando a quienes trataba como simples y siempre “recetables” iguales.

No escuché ni una sola pregunta que viniera al caso. Ella me dejaba hablar y hablar como quien oye llover sin escuchar una sola gota. Yo sentí tan claramente que se la sudaba lo que mi vergüenza le había ido a contar que ni a ella pude explicarle que toda aquella historia había comenzado con la más dulce historia de amor y había terminado con una serie innumerable de puñaladas que, mientras yo luchaba porque acabaran y todo volviera al principio, me habían dejado completamente desangrado en el suelo de mi hasta entonces inocente y orgulloso afán de demostrar que todo es posible si antes se ha soñado.

Así que me volví con las mismas a la calle y pensé que quizás aquello no tenía solución. Pasaron los días, cada vez más jodido, hasta que llegó el momento de la escapada. Fui a Turquía como quien va a un centro de desintoxicación y, por suerte, salí de Turquía como si nunca hubiera necesitado centro alguno. Suerte de conocer aquel lugar, de olvidar el malestar de mi cuerpo, el deseo insensato, las ganas de buscar… Todo, por muy jodido que, creedme, fue. Me salvé principalmente porque aprendí a ser con los demás de nuevo, mientras olvidaba cómo fui sin querer antes. No creo que sea necesario decir lo agradecido que estaré siempre a aquellos simpáticos bastardos, tan surrealistamente cabrones e involuntariamente inocentes como yo. Como decía, salí de allí como nuevo.

Hasta esta última semana no había vuelto a sentir lo que esa enfermedad, tal y como auguraba la euro-psicóloga, podía hacerme. Por segunda vez, aunque mucho más leve, he sufrido el mismo comienzo. El hecho de que algo me hastíe o de que alguien, sea un amigo, una amiga o lo que sea que sea, me falle y haga daño, debería ser motivo de enfado, de llanto, de huida, cabreo, decepción o mil cosas, pero nunca de auto-tormento. Del hecho a la idea, de la idea al dolor, cada vez más grande, como si al entrar en mi cabeza esa idea masticara mi cerebro y creciera con total libertad, por encima de mí y de mi voluntad. Ya no recordaba que era eso. Entre la movida personal y la académica ayer sentía que aquella maldita historia se iba a repetir.

Pero ésta vez, salvo las horas de insomnio, el ir y venir de ideas con la cabeza a doscientos por segundo sin poder decir palabra y un instante de pagarlo con cualquiera, conseguí escapar. Ningún metal, ni un solo miligramo de veneno, ni media gana de destruir o destruirme. Como si empezase a infravalorar lo que hay que infravalorar y no de nuevo a mí mismo. Nada. Cuando anoche por fin pude dormir había llegado a la conclusión de que hoy acabaría con todo ello, recordé aquel viaje y pensé en qué es lo que ésta vez me traería una sonrisa. Y aquí estoy, con un correo electrónico recién enviado que mando al tutor del doctorado a tomar por culo, con el rencor reducido a cero y, muy importante: con ganas de leer las decenas de libros pendientes, buscar toda la información que el puto doctorado no me dejó buscar y de verdad me interesaba y llenar los cientos de folios que vienen tras ésta “en principio” nota de final de una etapa y comienzo de otra que intuyo tremenda. Hay días que me llamo Orgullo. Cada vez me cuesta menos levantarme.

Y cuando oiga sus golpes en la puerta… T.O.C. - T.O.C …. le dejaré por debajo una nota muy clara:

A mí no volverá a cambiarme éste puto mundo.

08 abril, 2008

El hombre de la pecera


Cuando aun era un niño, solía divagar con un amigo sobre la existencia de un extraño personaje al que llamábamos “el hombre de la pecera”. Pensábamos que era posible que a través de aquellos cristales mágicos pudiera vernos mejor y controlarnos. Por eso, siempre nos despedíamos, entre risas, con la consensuada amenaza: “¡Eh, no lo olvides! El hombre de la pecera te controla”. Más tarde descubrí en la distópica novela de George Orwell, 1984, que no habíamos sido demasiado originales. Pero desde hace unos años me planteo si toda esta paranoia no está yendo más allá de la ciencia ficción. Quizá el hombre de la pecera exista o el Gran Hermano nos vigile.

No creo que a los trabajadores de Lidl les parezca ciencia ficción su situación laboral. La cadena de supermercados les espía con microcámaras para redactar informes sobre ellos donde apuntan rasgos íntimos de su personalidad como “empleada introvertida y de aspecto ingenuo”. Intuyo que tampoco es ficción para los currantes de otras tantas empresas que revisan su correo personal, graban sus conversaciones con amigos y familiares o vulneran de cualquier otro modo su derecho a la intimidad .

Supongo que no les causaría tanta impresión como a mí la idea de aquel hombre en su pecera a todos los turistas que son sometidos durante más de dos horas a los caprichos de la policía norteamericana. No después de que revisen con una lupa el contenido de su ordenador, tras todo el proceso de identificación, desnudo e incautación de “materiales de alto riesgo”, llámese champú o after-shave. De igual modo, poco sorprenderá el relato de Orwell a los biandantes en la Calle Montera, dentro del nuevo circuito de videovigilancia, ni a los que estén tramitando el nuevo D.N.I electrónico o fichen en el trabajo con la palma de su mano.

Me va a costar recordar esta anécdota como la gran idea que fue en su momento. Además, reconozco que la juventud nos delató, porque la pecera no es de un solo hombre. Son demasiados, y lo más preocupante es que entre ellos se encuentran quienes deberían representarnos. Ellos también tratan a los ciudadanos como sospechosos crónicos, según dicen, por nuestra seguridad… Es una pena, pero mi amigo tenía razón: lo malo es que desde una pecera no se puede preguntar mucho.