Te has ido.
Cuesta asumirlo, pero es así.
Llevamos tanto dándonos la mano para sobrevivir
que temo no saber vivir sin tu tacto en este viaje
hoy peso 25 veces más que cuando nací
y tú me has sostenido desde entonces.
He pasado tan rápido de la pena al vacío
que duele la sola idea
de poder acostumbrarse a este hueco frío.
A veces me despierto sin aire por las noches
y me encierro en el baño a llorar;
me pregunto si pasará como con papá
si se pasará, si te pasarás
a ocupar tu sitio de vez en cuando en un lúcido sueño, no sé
si nos volveré a ver un rato en los días cualquiera
en cualquier estación de nuestras primaveras,
cuando hibernaban los calendarios sin ser siquiera invierno
y lo cotidiano parecía eterno.
Ojalá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario