30 noviembre, 2008

Mi único imperio

Hace días que no duermo. Harto de sus tratos, de sus tretas, de su condición de nadies y de todos, según les convenga. Harto de sus antifaces, de sus máscaras. Harto de sus prejuicios, de su ortodoxia, de su indeleble mente dispuesta a tragar sin escupir.

Hace días que no pienso, que no tolero. Mi cerebro vomita bastas y cada neurona porta un arma. Mis ojos amamantan orgullo y mi alma aprende el valor de un NO.

Hace días que busco odios para apuntarles hasta que me supliquen una pausa, hasta que pidan clemencia. Entonces les preguntaré por qué; qué les hace pensar que merecen mi respeto, o mi pena; qué hicieron y cuándo para ganárselos.

Hace días que porto mis palabras, amarradas al impulso, poderosas, libres, dispuestas a salir. Ellas no se disfrazarán, no serán otra mentira. Yo no quiero que les cosan los labios. Tampoco su rabia. No. Son mi única arma, mi único imperio.

10 septiembre, 2008

Y después de tanto... (I)















Harto de que no dejen
que las agujas se detengan,
le dije al tiempo
que teje lo incierto
"estoy en mi puta burbuja,
por favor, no vengas más"...


Y vuelvo al universo
donde vuela mi musa,
pintando versos,
trazando besos
de esos que te hacen recluso,
y pienso... Lo que ella vale
sólo lo saben las estrellas,
firmamento de retales
donde escribió sus iniciales.


Me pierdo...
Cojo el tic-tac de mis miedos
y lo krujo con un tam-tam,
melodía de muerdos
en noches que arden
incluso después del amanecer,
cuando uno no puede despertar
y desea con esperanza
que amenace con reaparecer.


Miedos...
Quién no los tiene
y quién los quiere...
Ya me dijo tu mirada
"si a ellos te atienes
lo pierdes todo".


Y desde el lodo del lloro
de mi yo interior
supe que tenía razón...
Me devoraba aquel infierno
hecho de espinas, enfermo
de un pasado plagado
de dardos llamados recuerdos,
donde el dolor quedó inserto,
pero..



¿Quién tiene la culpa?
Miro a mi alrededor y palpo
un mundo demasiado imperfecto
donde sólo tuve mala suerte.


Sí... Momentos tristes...
Y mentiras, muchas mentiras,
y huidas a escondidas...
Y cuando todo iba medio bien
que se vaya otra vez,
pero ésta para siempre...
Y esos ojos... Que me encojen
sin que nada les deje escoger.


Sí, mala suerte, la última bala,
puta balada que bailaba
sobre nuestra jodida nada,
la puta nada, la injusta nada,
fria, cruel y absurda inercia
como tu ausencia al dia siguiente.


Pero sé que querría
que pueda vencer,
que me habló de sueños
para que soñásemos,
para que aprendiera
a emprender el vuelo
mirando al cielo.


Y después de tanto
mirar hacia atrás con espanto
cierro los ojos sobre el alambre
y noto el universo tan grande
como ese verso que con hambre
quiere hacer libre al hombre.


Y después de tanto,
la vida es tantear lo que nos asombra
hasta la huida, bajo la cumbre,
bajo esa luz que nos alumbra
aunque se derrita con las sombras.


Después de tanto,
vago danto tumbos
entre la alegría y la tristeza,
esquizofrenia hecha de momentos
que a veces es mi lastre eterno,
pero... Después de todo...
en mi bolsillo queda una certeza:
sólo deseo que cada nanosegundo
de mi vida cunda hasta el final,
que sea tan hondo como andar
entre las caricias de un hada
mientras desliza su sonrisa
y se eriza su cabello,
el bello destello de placer
que nace entre dos labios
y su imperio, el intervalo
de susurros y magias sin adios.


No sé, a veces sueño...
((gracias))

03 septiembre, 2008

Ruido de raíles

Una nota, dos, tres… Las encadena con su sonrisa, que a menudo nubla el acordeón que encoge y expande con las manos mientras juega a afinar el universo entre sus dedos. Uno los confunde porque entonan la misma melodía, un tango sacado de la nostalgia y… Quién sabe, a veces suena a esperanza. Cuatro, cinco, seis… Esa mirada contrasta demasiado con las demás. En este vagón, como en todos, la gente no atiende a ningún paso. Cualquier detalle se pierde en el vacío de lo suburbano, donde nadie sabe si el de enfrente está ensimismado o, simplemente, ha dejado que le conviertan en otra máquina. El ruido de los raíles devora momentos como un tic-tac sin sentido, y en cada parada los que llegan al fin de su travesía o cambian de ruta se levantan sin hacer un solo gesto. Siete, ocho… Él no se detiene, pero sí su sonrisa, y se asusta.

Tres paradas. Cambia de vagón. Espera unos segundos. “Damas y caballeros, espero que les guste. Buen viaje”. Buen viaje… Se ríe; alguno le sigue, qué ironía. Y de nuevo se suceden las notas bajo su humilde imperio, otra calada de alegría. Nueve, diez, treinta… A mi lado, dos compañeras de clase charlan: una indecisa (“Joder, verás como suspenda. No sé… Con lo que he estudiado…”) y otra no tanto (“¿Qué dices? ¡ Si estaba tirado!”). Nada importante, pero es su epicentro. Cuarenta, cincuenta… Reconozco la canción por Barrio, una película que nunca he olvidado. Él le da otro toque, vuelve a sonar a añoranzas teñidas. Es su momento, quizá mucho más que una moneda. Imagino que en su bolso se funden las caras con las cruces. No sé si alguien en el vagón lo piensa, pero su mirada manda al desgüace eso de que no hay nada más certero que el dinero. Y me pierdo en su esperanza. Si existe algún profeta, debe ser un músico.

Sesenta, cien… Las máquinas siguen echando humo. Mis compañeras, como autómatas, piensan en alto. “Pfff… Podía dejar de tocar de una puta vez”. Las imágenes más jodidamente tristes de Barrio transcurren en un vagón y en un lanzamiento masivo de monedas, mientras los tres amigos (uno de ellos acaba de morir) observan y esta canción suena. Le miro. Creo que les ha oido. Los demás miran al reloj. Mierda de… Él no se detiene, pero sí su sonrisa.

27 agosto, 2008

Hijo de puta


Hijo de puta, dile a tu odio
que no quiero ser otro esqueleto,
otro dato para su imperio,
otro preludio con olor a féretro.

Hijo de puta...
que deje de apuntar a mis sueños,
cargando miserias,
disparando miedos,
empañando tanto daño
a la rebeldía y sus peldaños

...Dile a tu odio,
que no me trate como mercancía,
somos personas, no recursos
confundidos con máquinas reclusas,
sin vida, sin latidos, atadas al comercio,
separadas de la utopía.

.......................................................
...Que abandone todos esos teoremas,
ya no dan de sí más…
El universo no admite que lo domen,
que cabalguen sobre su lomo,
el decide dónde, cuándo y cómo
encogerse, expandirse y brillar.

.......................................................
Que no destruya más natura,
si somos Tierra que camina
y no un Cronos que consume
vidas a cambio de las ruinas
tras el paso de tanta locura,
antifaces del “hoy” contra el futuro.

Hijo de puta,
acostumbrado a que nadie se inmute,
a ser el cerdo que guarda el poder
y guiarlo a tu antojo como una batuta
sin nadie ante quien comparecer...
Guarda tu odio bajo llaves,
algún día tendrás que pararte y podrás ver
que algo late segundos antes de desaparecer.

29 junio, 2008

Apaga esa luz


Apaga esa luz. Dile a la luna que sea muda esta noche. Ella sabe que a veces necesitamos que el mundo calle y escuche, aunque sea una sola vez, tan sólo una, lo que esconde el silencio tras los pasos del grito y del llanto.

Apaga esa luz. El alma, quiera o no, es una perpetua prisión cuando no deja volar sus pasiones. Entre destellos, lo nota y se pierde mientras cada miedo ríe victorias. Por eso la condena es una vida hilada de improvisaciones.

Dile a la luna. Susúrrale que eres otro ser, otra noche. Quizá cuando el infinito nos ilumine bebamos de su luz sin dejar que nos queme, tumbados sobre la cima, que es la inmensa paz que piensa el camino para que podamos afrontar el mañana, aunque un triste amanecer se vista de amenaza y dance con el imperio del odio detrás de la ventana.

Ella sabe que alguien quiere despertar otro día con los párpados en alerta; quiere que jueguen a ser dos, a elevar la utopía que esconden sus ojos para recoger con una sonrisa cada mirada.

Quiere que pienses una sola vez, tan sólo una, qué te lleva a creer que es imposible tirar tú mismo los dardos y buscar tu ansiedad en cada segundo. Qué te lleva a caer, en lugar de reptar, si es necesario, hasta que despunte el alba.

Cuando sientes el silencio, escuchas más que nunca porque te encuentras a ti mismo, con tu fantasma, con tu sombra.

Cuando os sentís en silencio, la escuchas más que nunca porque sus pupilas susurran todos los versos que nunca recitaron sus labios. Y te encuentras con su fantasma, con su sombra. Entonces sabes, por fin, qué es eso que alguien llamó “magia”. A veces no lo sabes; pero lo más precioso de conocer a una persona es poder intuirla según te da la bienvenida y dejar que ella se descubra según abandona su prisión.

28 mayo, 2008

Brillantes náuticos primaverales

“He ahí al hombre íntegro arremetiendo contra su calzado, cuando el culpable es el pie”, escribió Samuel Beckett en su drama más conocido, Esperando a Godot. Algo similar ocurre con la crisisalimentaria, que no es ficción, pero sí un sinsentido según lo que entienda uno por justicia.

Repaso las noticias de las últimas semanas y sólo encuentro zapatos, zapatillas y chanclas. También alguna que otra alpargata. Pero nadie habla de los pies, de cuan afiladas están sus uñas ni de cómo es posible matar con ellas sin que se advierta un solo juanete. Los organismos internacionales, que controlan como les place el comercio de alimentos junto a las siempre omniscentes multinacionales, cuando más, aparecen como salvadoras de 900 millones de personas. Cualquiera diría que no tienen nada que ver con el hundimiento de los mercados locales, la contaminación, la obsesión por los biocombustibles ni los corruptos mercados de valores, aunque fueran los encargados de liberalizar el mercado a su imagen y semejanza. Tanto es así que ya imagino la noticia de mañana: El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha aterrizado en Haití para presentar la nueva ayuda alimentaria, unos brillantes náuticos primaverales.

Ellos son los que arrebataron la soberanía a los 37 países que sufren la crisis para elegir qué zapatos usar, cuándo y cómo. Así que, digo yo, podían cambiarlos cuando no salen buenos y reparar la herida. O, mejor, que se pierdan por mucho tiempo y les devuelvan la iniciativa, porque está comprobado que lo neoliberal vende mucho pero beneficia a pocos. En cambio, todo apunta a que seguirán regodeándose en las miserias ajenas. No sé cuándo dejará el hombre íntegro de arremeter sólo contra su calzado. Eso sí, espero que sea antes de que se quiten los náuticos para liarse a puntapiés.

21 abril, 2008

Alma desnuda

Sucede que me canso de ser hombre,
como Neruda,
harto del alma débil, llena de hambre,
colmada de dudas
que a duras penas siente la condena
de un presente incierto
y un futuro cargado de veneno,
alma que vacila sobre un precipicio,
siempre pendiente de un un fino alambre,
siempre bailando entre trapecios…

Vi a mi alma mirarla desde un rincón,
preguntarse por los recuerdos más grandes,
más bonitos, más suyos, lo que quedó
mientras ella lo guardaba todo
por si tuviera que preguntarle
qué cambió, qué pasó con el fuego,
con el calor que trazaban sus dedos…

Sus labios iban recitando versos
de poeta roto, de esos que caminan
sin voz ni voto recitando rimas
por si le hicieran volver a caminar…

Sucede que a veces me canso de ser alma,
casi como Neruda,
pero ahora quiero ser un pájaro sin nombre
y dejarla desnuda.

Vago por las calles de la luna,
esas que pierden una estrella
por cada recuerdo, triste,
esas que se quedan sin destellos
por cada sonrisa rota,
esas que esta noche brillan menos
por cada vuelta que añoramos.

A gritos por los rincones de la ciudad,
como un muñeco de trapo
que nunca tuvo certezas ni fe,
pido que no me atrape esta maldita sed,
que me arranquen la memoria,
que me olvide la nostalgia
y nadie me pida más sueños,
cuando las madrugadas son tan frías
como este puto día sin peldaños.

Y le ruego al espejo
que esconden sus ojos:
ábreme el alma
y dime, no sé, dime algo…
Hay letargos demasiado amargos,
insomnios de lágrima embargan
el sentido de este latir incierto
que unos días dice que estoy vivo
y otros declina: estás muerto.

Acostumbrado a escuchar la marea,
sé que la realidad nunca será
como uno quiere que sea,
que duele no entender las palabras
que buscaste en tu azotea
y cuesta afrontar la odisea
cuando no te alumbra

ni tu propia sombra.


Y vuelvo a rogarle al espejo
que esconden esos ojos:
no quiero ser alma,
sólo ese pájaro sin nombre
al que alumbre la luna
y vuelvan a acariciar
las sombras de tus manos…

Sólo ese pájaro sin nombre
que aprenda a volar,
desnudo.

08 abril, 2008

El hombre de la pecera


Cuando aun era un niño, solía divagar con un amigo sobre la existencia de un extraño personaje al que llamábamos “el hombre de la pecera”. Pensábamos que era posible que a través de aquellos cristales mágicos pudiera vernos mejor y controlarnos. Por eso, siempre nos despedíamos, entre risas, con la consensuada amenaza: “¡Eh, no lo olvides! El hombre de la pecera te controla”. Más tarde descubrí en la distópica novela de George Orwell, 1984, que no habíamos sido demasiado originales. Pero desde hace unos años me planteo si toda esta paranoia no está yendo más allá de la ciencia ficción. Quizá el hombre de la pecera exista o el Gran Hermano nos vigile.

No creo que a los trabajadores de Lidl les parezca ciencia ficción su situación laboral. La cadena de supermercados les espía con microcámaras para redactar informes sobre ellos donde apuntan rasgos íntimos de su personalidad como “empleada introvertida y de aspecto ingenuo”. Intuyo que tampoco es ficción para los currantes de otras tantas empresas que revisan su correo personal, graban sus conversaciones con amigos y familiares o vulneran de cualquier otro modo su derecho a la intimidad .

Supongo que no les causaría tanta impresión como a mí la idea de aquel hombre en su pecera a todos los turistas que son sometidos durante más de dos horas a los caprichos de la policía norteamericana. No después de que revisen con una lupa el contenido de su ordenador, tras todo el proceso de identificación, desnudo e incautación de “materiales de alto riesgo”, llámese champú o after-shave. De igual modo, poco sorprenderá el relato de Orwell a los biandantes en la Calle Montera, dentro del nuevo circuito de videovigilancia, ni a los que estén tramitando el nuevo D.N.I electrónico o fichen en el trabajo con la palma de su mano.

Me va a costar recordar esta anécdota como la gran idea que fue en su momento. Además, reconozco que la juventud nos delató, porque la pecera no es de un solo hombre. Son demasiados, y lo más preocupante es que entre ellos se encuentran quienes deberían representarnos. Ellos también tratan a los ciudadanos como sospechosos crónicos, según dicen, por nuestra seguridad… Es una pena, pero mi amigo tenía razón: lo malo es que desde una pecera no se puede preguntar mucho.

02 abril, 2008

Las escuelas también son para las niñas

“Iba a la escuela […] Me tuvieron tres semanas seguidas en un motel. Cuatro hombres me violaron. Yo gritaba, pero nadie podía oírme porque tenía la boca tapada. También llegaron otros hombres. No pude seguir asistiendo a la escuela. Siento tanta vergüenza y tengo la sensación de que todo el mundo me mira como si fuera una delincuente”. Cuando una niña se dirige cada mañana a la escuela, espera conocer, aprender y divertirse, no que le ocurra lo que a esta niña albanokosovar de 13 años. Sin embargo, según ha denunciado Amnistía Internacional, las niñas son víctimas de la violencia en escuelas de todo el mundo.

La educación es un derecho humano. Los Estados deben garantizar que todos los niños reciben una educación primaria obligatoria y gratuita. En cambio, desde Estados Unidos a China, muchas niñas van a la escuela cada día con miedo. No sólo a estudiantes, sino a profesores, a administradores y a desconocidos. El resultado es que tienen dificultades para aprender, pierden su autoestima y no vuelven. Solo vieron segregación, prejuicios y discriminación, el reflejo de una sociedad machista donde les consideran inferiores. Desde ese momento arrastrarán las consecuencias: entre otras, problemas emocionales y físicos, mayor riesgo de contraer VIH, dependencia económica y una dificultad para reivindicar sus derechos.

El acoso se ha generalizado en muchos países. La mitad de las niñas de Malawi confiesan que han sido presionadas por profesores o compañeros con alguna intención sexual. En las escuelas públicas estadounidenses más del 80% de las niñas de 12 a 16 años lo sufren, y es algo común en Honduras, México, Nicaragua y Panamá. También son numerosos los casos de agresión. Uno de los más recientes es el de la niña violada por cuatro muchachos en el lavabo de su colegio, en Grecia, mientras la grababan con su teléfono móvil.

A ello se suma el castigo corporal, que en 2006 seguía vigente en 94 países. Es inaceptable que a estas alturas aún se azote a las niñas con látigos o cables eléctricos, como ocurre en Haití, o se les arroje ácido, una práctica común en el sur de Asia.

La discriminación es, por distintos motivos, otra lacra que deja a muchas menores sin su derecho a la educación. El cobro de tasas escolares y otros gastos que se exigen en los centros, constituyen un obstáculo enorme para muchas familias, y las niñas, cuando es necesario elegir, tienen más probabilidades de exclusión. Además, en algunos lugares expulsan a las alumnas que quedan embarazadas. En Tanzania fueron expulsadas más de 14.000 alumnas por esta razón, a pesar de que en muchas ocasiones se debe a casos de violación o matrimonios de temprana edad.

También es preocupante la situación en las zonas de conflicto, donde más de 30 millones de niños no asisten a clases y las niñas son secuestradas por grupos armados, cuando no heridas, violadas o muertas. Un claro ejemplo es Sierra Leona. Durante la guerra civil alrededor de 3000 niñas fueron raptadas como esclavas sexuales.

Frente a estos hechos, muchas organizaciones civiles actúan a nivel local. En Togo, el grupo de apoyo Arc-en-Ciel lucha desde 2005 para evitar el acoso sexual, reducir la propagación del VIH/sida y crear enseñar a las niñas y adolescentes a defender sus derechos. El Programa H plantea otra necesidad en Brasil y México: ayudar a los jóvenes a cuestionar el machismo y promover la igualdad de género. En cambio, deberían ser los Estados los primeros responsables. Si no se acuerda un pacto global con medidas para que se cumpla el Derecho Internacional, será difícil una solución definitiva.
La violencia que hoy padecen estas niñas se reflejará también en las generaciones futuras. El miedo que hoy aprenden en las escuelas lo vivirán mañana en la sociedad. Ante esto, no basta con justificarse diciendo que no hay medios, porque la violencia siempre es evitable. Es cuestión de voluntad política para prohibir toda forma de violencia, apoyar a las víctimas y hacer de las escuelas lo que deberían ser, lugares seguros donde aprender y divertirse como lo que son: niñas.

20 marzo, 2008

Distancia (Habeas Corpus)_Disk-Yonki I

Me pregunto y te pregunto,
si existe el cielo y si existe el infierno,
y si es posible que estemos los dos en los dos,
casi al mismo tiempo.

Me pregunto y te pregunto,
si es posible vivir en un sueño estando despierto,
si cuanto más despierto me siento
más se alejan mis pies del suelo.

La respuesta que busco en tus labios
la descubro en tus ojos,
cuando me miran, me lo dicen todo.
Y maldigo una y mil veces esta distancia
que va de tus manos a mis manos…
Es entonces cuando más te pienso.
Es entonces cuando más te sueño.
Es entonces cuando más te quiero.

Busco a mi alrededor y no encuentro nada.
No veo nada que no sea esta distancia.
Nada que no seas tu y esta distancia.

Me pregunto y te pregunto,
si te puedo tener sin tenerte y tocar sin tocarte,
si es posible no verte y mirarte.

Me pregunto y te pregunto,
si se puede morir de dolor recordando un instante,
o simplemente abrazando tu imagen.

Mientras busco entre mis esperanzas
la esperanza de nunca perderte,
la esperanza en que este sueño dure
cuanto menos para siempre.
Y maldigo cada segundo que no paso a tu lado,
cada instante en que quiero y no puedo...
Es entonces cuando más te pienso.
Es entonces cuando más te sueño.
Es entonces cuando más te quiero.

Busco a mi alrededor y no encuentro nada.
No veo nada que no sea esta distancia.
Nada que no seas tu y esta distancia.
(Nada que no seas tu. Nada si no estas tu.
Nada que no seas tu. Nada si no estas tu)

28 febrero, 2008

Cristales rotos


Hay momentos que nunca imaginamos, que vivimos como una lágrima eterna, que nunca queremos recordar y para los que nadie nos ha preparado. Nadie nos dijo cómo afrontar el sufrimiento, qué se siente, cuándo nos dejará en paz. Qué hacer cuando todo lo demás desaparece y uno siente que todos los gritos, las respiraciones entrecortadas, entre los filos de lo que nadie entiende, se concentran en su alma. Nadie.

Adrián se quedó solo. De repente, se encontró allí, en un rincón de débiles aristas, solo. El tiempo se había vuelto cruel, viciado por el designio, desde hacía tiempo; sin embargo, a uno le cuesta aceptar que llegará un momento en que el destino imponga sus malditos caprichos a la posibilidad de elección. Y aquella habitación se convirtió, sin darle tiempo a sentir el siguiente amanecer, en un cubo de rubik con colores demasiado desgastados, vacíos. Mientras buscaba un poco de claridad, se dio cuenta de que no podría agarrarse ni a su propia sombra.

Si había tanta oscuridad, era porque le echaba mucho de menos. Durante todo el tiempo transcurrido antes del puto día D y la puta hora H supo que aquello ocurriría, pero nunca llegó a entenderlo. Ahora, en los altavoces de aquel rincón una voz desgarrante le recordaba algo que no olvidaría el resto de su vida: “Hay días que mejor sería no despertar. Hay sueños que mejor sería no soñar. Hay veces que mejor sería no pensar. Hay Heridas que no van a dejar de sangrar”.

Le pidió que lo repitiera una y otra vez. Sabía que iba a ser así; sólo intentaba asumirlo. Por cada rasgueo de guitarras lo pensaba. No debería haber despertado jamás.

Lo último que recuerda antes de deshacerse, de morir con todo aquello, es que quiso regalarle una poesía. Que las palabras danzaran al reflejarse donde no alcanzamos a tocar, para que supiera lo mucho que le quería, lo mucho que le echaría de menos, con sus virtudes y sus vicios, con todo lo que le había enseñado, a ser él siempre, a soñar -“que te roben lo que quieran, pero nunca los sueños”-, a escuchar con el alma. O, al menos, decirle que guardaba un baúl con cada una de sus sonrisas.

No pudo. Buscó una y otra vez su reflejo, pero el puño sangraba, envenenaba la tinta. Sólo caían cristales rotos. Y caminaba pisándolos, en su puto Territorio Comanche particular. Siempre la misma pregunta. No; uno no puede ser reportero de su propia guerra. No puede mirarla desde fuera y escribir otra Ilíada. Y si grita a los cristales- ¡nadie me preparó!- los rompe aún más. Y le rajan.

Adrián nunca dejó de llamar al alquimista. Seguro que en este preciso momento le está pidiendo ayuda. Sólo quiere darle un abrazo y otra bienvenida. La tinta, por desgracia, se corrompe en cuanto siente su mirada, todos esos cristales. Quizá se haya acostumbrado: cuando uno está perdido, las lágrimas impiden decir.



22 febrero, 2008

Reclamar lo que somos



Las actuaciones de Estados Unidos y la Unión Europea socavan el avance de los derechos humanos a nivel mundial, según ha denunciado la organización Human Rights Watch (HRW) en su informe anual. El progresivo recorte de libertades en las democracias consolidadas y su apoyo a Estados autoritarios que se esconden bajo una fachada democrática amenazan los derechos fundamentales de los ciudadanos y, con ellos, su dignidad.


La Declaración Universal de los Derechos Humanos cumple su sesenta aniversario y aún no se han establecido los mecanismos efectivos para que se respete y aplique. En todos los países, aunque de diferentes maneras, se violan estos derechos. Sin embargo, no pueden ser sólo una quimera porque constituyen la premisa mayor sobre la que se fundamenta la justicia: el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.


Desde hace años, muchos gobiernos quieren hacer de la “democracia” una etiqueta; a su imagen pero sin semejanzas. El presidente chino, Hu Jintao, que pronunció 60 veces “democracia” en un discurso en el Congreso del Partido único, es un claro ejemplo.


Cada vez es más fácil para los gobiernos autócratas lograr el reconocimiento internacional por el simple hecho de celebrar unas elecciones. Lo hacen con el beneplácito de sus aliados, y a estos no parece importarles que países, como Nigeria, Jordania, Tailandia, Kenia y Rusia, recurran a técnicas que son ilegales en el derecho internacional, como el fraude electoral, la supresión de los opositores o el control de los medios de comunicación y de la sociedad civil. Al mismo tiempo ignoran la violación de los demás derechos, reconocidos o sin reconocer, que pertenecen a todos sus ciudadanos por el mero hecho de ser personas, sin los cuales unas elecciones, por muy limpias que estén las urnas, no pueden componer una democracia.


A pesar de que el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales es la mayor conquista histórica, las democracias tradicionales los entienden como una cuestión de intereses. Según Kennenth Roth, director ejecutivo de HRW, “Washington y los gobiernos europeos están dispuestos a aceptar incluso la elección más dudosa, siempre y cuando el vencedor sea un aliado estratégico o comercial”. Sólo así se entiende que Estados Unidos e Inglaterra no hayan condicionado su ayuda financiera y militar a Pakistán, donde las elecciones se han celebrado en Estado de excepción y con más de 2.000 jueces y opositores detenidos. Y, de la misma forma, sólo por las grandes reservas de petróleo y gas se entiende que la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa haya otorgado la presidencia en 2010 a Kazajistán, a pesar del fraude en las elecciones del pasado año.


Las propias democracias consolidadas utilizan la defensa de los derechos humanos para violarlos de forma constante. Es su excusa preferida para justificar guerras, bloqueos, torturas y muertes de millones de civiles sin dar cuenta ante los tribunales. Uno se pregunta con qué legitimidad va a invocar los derechos humanos la Administración Bush, que aún mantiene en la Bahía de Guantánamo a 275 detenidos sin acusación formal ni garantía alguna, entre otras muchas atrocidades de su guerra contra el terror. O cómo lo va a hacer Inglaterra mientras actúe como una “Stasi británica”, tal y como la ha definido el analista Timothy Garton Ash, y se empeñe en involucionar con numerosos recortes de libertades derivados de su política antiterrorista, que le acercan de manera peligrosa al autoritarismo.


Todo indica que sería bueno rescatar la idea de una Declaracion Universal de los Deberes Humanos, defendida por José Saramago y otros intelectuales. Del mismo modo que tenemos unos derechos irrenunciables, deberíamos ser conscientes de nuestro deber de exigir que estos se cumplan siempre, en cualquier lugar del mundo, y no tolerar más violaciones. Si queremos que éste sea el siglo de los derechos humanos, deberíamos empezar por reclamar a nuestros gobiernos que prediquen con buenos ejemplos para que dejen de anteponer sus intereses, alianzas y obsesiones a la justicia. Para impedir que la democracia se convierta en una farsa. Para que nos devuelvan lo que somos.

19 diciembre, 2007

Una cultura de pistoleros

El Tribunal Supremo de EE UU juzgará, por primera vez en 70 años, si una norma que limita la tenencia de armas de fuego en Washington viola la Constitución. El dictamen podría resultar decisivo para el futuro del país más armado del mundo, donde hay 90 armas de fuego por cada cien habitantes, según la última encuesta del Instituto de Estudios Internacionales (IEI).


La norma, en vigor desde 1976, es una de las más estrictas y fue decretada ilegal en 2004, cuando el tribunal federal la consideró demasiado dura. Sin embargo, la Corte Suprema admitió el recurso presentado por el Ayuntamiento de Washington y escuchará a ambas partes a principios del próximo año.


La decisión tendrá una fuerte carga porque puede sentar un precedente respecto a la interpretación de la Segunda Enmienda, según la cual “siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. El Supremo juzgará si se trata de un derecho individual del ciudadano o, por el contrario, de un derecho de todos a contar con un Ejército que les defienda. Si se diera éste último caso, el control de las armas de fuego tendría, por fín, un respaldo legal susceptible de extenderse a todo el país.


El crecimiento de las armas de fuego en Estados Unidos es preocupante, sobre todo desde los atentados del 11-S, en 2001. Ese año la demanda por parte de los ciudadanos creció en un 25%, y desde entonces no se ha detenido. Hoy adquieren más de la mitad de la producción mundial, según el IEI. En el país circulan ya 270 millones de este tipo de armas, más del 30% del contingente mundial, a pesar de que el número de habitantes no llega al 5% de la población planetaria.


Según Pap Ndiaye, historiador, se trata de una cultura de armas de fuego. “Es decir, de una parte de la población americana para quienes poseer un arma no es únicamente un derecho, sino de igual manera una protección indispensable”, explica en una entrevista para Le Monde. La obsesión de muchas familias les ha llevado a comprar utensilios que en cualquier otro país nos parecerían una atrocidad, como las mochilas y los cochecitos para bebés “antibalas”; y a estas ideas se les unen otras no menos disparatadas, como la adquisición de las pistolas Permanecemos Unidos, de la fabricante Beretta, y del modelo neoyorquino, Seguridad de la Patria.


En la promoción de esta cultura han tenido mucho que ver determinados grupos de presión, representados en el Congreso y en la Casa Blanca. Entre ellos destaca la Asociación Nacional del Rifle, que se define como “la organización de derechos civiles más antigua de los EEUU” y lanza slogans tan elocuentes como “abraza la libertad”, a pesar de que su único objetivo es defender el derecho a portar armas de fuego, tanto para la defensa personal como para actividades recreativas.


Convendría preguntarle a los miembros de ésta asociación quén opina sobre las repercusiones de la libre circulación de éstas armas en el país y la cultura que defienden: más de 11.000 homicidios al año, 30 cada día, y cientos de disparos accidentales. Además, las víctimas y autores son fundamentalmente jóvenes. El número de niños muertos por disparos es 12 veces mayor que en el resto de países industrializados. Por tanto, no son sólo los ataques en las universidades, sino también todos los hechos delictivos que ocurren día a día.


Los defensores del derecho a portar armas suelen señalar que el número de homicidios apenas varía por el establecimiento de leyes. Sin embargo, esto podría deberse a dos razones esenciales. Por un lado, tienen grandes lagunas, como la permisividad con los “gun shows”, ferias donde se venden cantidades ingentes de armas de cualquier calibre. Y, por otro, la libre circulación dentro del país impide un control de la posesión de armas, puesto que si en una ciudad están prohibidas, van a otro lugar a por ellas. Por tanto, el control de las armas y la desaparición de esta cultura de pistoleros es posible, y la solución puede encontrarse, para empezar, en lo que el Tribunal Supremo decida en los próximos meses.

02 diciembre, 2007

La Pasión del Alquimista (Ella)

¿La pasión del alquimista?
Describirte su cuento de hada…
cómo entró en aquella posada
de atmósfera que se movía encantada
por quien le mostró sonetos de sed saciada
entre besos, caricias, todo el calor
que emana del alma humana
cuando surgen colisiones
(llamémosle temblor),
que es lo que ocurre entre miradas,
entre mágicas explosiones,
cuando se acompasan los latidos
(el sentido del amor).
--
“Ese puño está nervioso”,
apunta el bolígrafo, avisa el papel,
les pido que lo piensen:
si hoy bombea tanta tinta
es porque alguien volvió loco al alquimista…
Así que comprendedle, dejadle ser…
--
Que todo gire como quiera,
pasan demasiado rápidos los días…
Yo, entre tanto, levitaré
desde este nuevo amanecer
hasta dejar cansada a la utopía.

Que ellos desayunen lo que quieran,
yo beberé tu placer cada mañana.
Queda tanto por vivir… se rozan nuestras manos…
y luego déjalas, sé que tienen ganas
de desplegar sus infinitas alas,
o, dicho de otro modo,
no dejar de levitar
sobre esa nube que es tu almohada…
Nos incita:”subid a trazar
los rayos que masticó la esperanza:
sabed que si dos almas quieren danzar
lo harán…”. Que dancen, es el momento de empezar…
--
Así llegó a su vida,
como aparecida de la nada,
con su fábrica de sueños,
(de las que no saben de medidas
ni entienden de dueños),
para enseñarle a subir peldaños…
Y él se agarró a su cintura,
ella le embriagó con la locura
y como dos locos subieron,
dispuestos a burlar los límites,
en ellos no creyeron
e hicieron de su pasión un arte.

Me pregunto cómo ocurrió,
aquello de burlar a Cronos,
dejarle sobre la lona
tras quemar sus agujas…
(Cuentan que flotan en una burbuja
Y hacen de cada mes sólo un segundo)
--
El alquimista sin cabeza anda,
se le escapó hacia el corazón
y se cree loco, se sabe loco,
se siente y se vuelve, más, loco,
hasta que soñar es su vida,
y vivir es un sueño.

Ella es mucho mejor que la cordura
¿No lo sabes? Cuando uno arde
y siente que el fuego le enciende,
sólo de ese calor entiende
sólo un alma, sólo un cuerpo,
todo lo que esconde su mirada,
es el ahora…su particular cuento de hadas…
Entonces eso de “loco” no sirve de nada,
sabed que serán absurdas
vuestras crudas parrafadas.

--

El loco, además, siempre está hecho de retazos,
por cada momento que ella le regala
en su alma se graba un intenso trazo…
El loco, también, suele extenderlos
a menudo, y aunque no puede entenderlos,
(y ya ves, es tan difícil describirlos…)
esboza inmensas sonrisas al revivirlos,
y hablar del placer…
Si lo une a un amor
tan grande como el universo,
podrás comprender
cada uno de estos versos.
--
¿Universo?
Está en cada abrazo,
me siento tan pequeño…
Y él se empeña
en esconderse en tu calor,
sabe que no hay otro lugar
donde descansar sea cosa de dos..

¿Artes?
Tantas me enseñaste…
Contigo aprendí a pensarte,
a sentirte, vivirte y recordarte
con una sonrisa,
hacer de la distancia brisas,
precipicios que desechamos,
es simple, los saltamos,
pues nunca se detiene
este tam-tam que nos hechiza,
que nos invita a viajar…
y nos hace olvidar movidas,
son tantas alegrías las vividas…
y lo que queda por dibujar…

¿Amor?
Tu alma y mi alma
saben jugar entre los extremos,
pueden susurrarse en calma
y desnudarse mientras gritamos…
Eso de fundir tempos con tus sentidos...
trazar versos entre nuestros cuerpos,
vivir en tu pecho cada latido
hasta que salte la alarma,
cada vez más unidos,
tanto que nos hayamos fundido
y seamos sólo placer, cada vez más,
sólo tú me sabes mecer, cada vez más…
cada vez más…
Me vuelvo a perder…
Y no quiero dejar de hacerlo,
encontrarme sólo en ti,
respirar, morir al fin…
Y renacer de nuevo
(poco a poco consigues
que olvide el miedo)…
Renacer de nuevo…

23 noviembre, 2007

Los niños, lo primero

El número de familias occidentales que acogen a niños de países del Sur se ha multiplicado en la última década. Hoy se producen más de 45.000 adopciones al año. La actuación de la ONG “El Arca de Zoé” ha abierto el debate sobre los límites de las adopciones internacionales. La ausencia de normas reguladoras y de procesos poco transparentes han hecho que las adopciones se conviertan en un negocio.

Según Unicef y Acnur, toda decisión que afecte a un niño se debe tomar en función de su máximo interés. Deber prevalecer siempre el apoyo a las familias para poder atender a sus hijos, y la adopción sólo es prioritaria cuando, pese a la ayuda, éstas no quieren cuidarlos o no son capaces de hacerlo.

En los países del Norte, el abandono de niños por falta de recursos o por ser “no deseados” es una práctica cada día más minoritaria. La educación sexual y la paternidad responsable han hecho que las parejas que tienen hijos quieran y puedan hacerse cargo del menor. Además, las parejas infértiles piensan cada vez más en la adopción como método para ser padres.

Los países que realizan controles exhaustos en los procesos de adopción, con largos procesos burocráticos, desbordan la paciencia de las parejas adoptantes. Además, muchas veces hay una falta de información respecto a dónde deben acudir. Las redes internacionales aprovechan esa situación. La ausencia de normas reguladoras y de control en muchos países empobrecidos facilita este creciente negocio. A veces, se producen “malas prácticas” como el secuestro y la venta de niños por sumas de dinero que pueden llegar a los 60.000 dólares, así como la intimidación de los padres y el pago de sobornos a funcionarios.

Como explica Pepa Horno, responsable de Save the Children “en ocasiones, estos países tienen la sensación de que no son capaces de proteger a los niños de su propio país, y se sienten indefensos e impotentes por su propio futuro”. De ahí que, tras el escándalo de Chad, la República del Congo haya suspendido todas las adopciones internacionales. No obstante, el aumento de controles ha crecido en la mayoría de países desde 2005. No sólo en Corea del Sur y Nepal, donde se han paralizado, o Sudáfrica, donde el gobierno ha prohibido este año las adopciones; también en los países que más niños daban en adopción, China y Rusia, se han endurecido las normativas. Y todo indica a que las medidas serán cada vez más duras.

Los controles para la adopción también se han endurecido en los países occidentales, que han denunciado a países como Haiti y Guatemala. Éste último es el cuarto país en número de adopciones en proporción a su población. Acaba de firmar el Convenio de la Haya sobre Adopción Internacional, que alienta la transparencia y la correción ética, para 2008. Sin embargo, en Guatemala se da en adopción a un menor cada dos horas y media a cambio de cantidades de dinero que pueden alcanzar los 30.000 dólares. Un negocio que implica a funcionarios corruptos, agencias que hacen publicidad en la red y captadores que convencen a las madres prometiéndoles dinero o asistencia sanitaria.

Lo más preocupante es la imagen que, a pesar de los hechos, se está creando en torno a la adopción. Antes no estaba bien vistas por la sociedad, pero el cambio es tan veloz que se ha convertido en una moda, y lo que para muchas madres y parejas es una necesidad, para otros se ha convertido en objeto de negocio. No es raro que alguien pida en la entidad colaboradora información para adoptar a “una niña etíope tan graciosa como la de sus vecinos”. Una petición promovida por la feroz lógica económica de organizaciones. Pero también cuando los medios de comunicación dedican grandes espacios a famosos como Angelina Jolie, Nicole Kidman o Madonna, mostrando la felicidad de tener un “hijo pobre”.

Pero el problema no son las adopciones internacionales en sí. Descartarlas puede ser un grave error. Francia las prohibió durante un tiempo y las consecuencias fueron el cierre de orfanatos y niños sin un techo que cayeron, en su mayoría, en redes de prostitución y delincuencia. Puede que la solución sea, tan sólo, favorecer un proceso más efectivo, información, transparencia y los esfuerzos suficientes para que el Convenio de la Haya sea, por fin, una realidad. Y siempre en función del mayor interés para el niño.

02 noviembre, 2007

El zoológico de los ricos

Más de cien mil turistas visitan cada año las favelas de Río de Janeiro para comprobar con sus propios ojos cómo se vive allí. Es uno de los nuevos servicios que ofrecen algunas agencias de viaje: el turismo de pobreza. En su búsqueda de una experiencia “auténtica”, como si se tratara de un deporte de riesgo, circulan por los barrios más empobrecidos de las grandes ciudades. Muchas veces lo hacen en jeeps camuflados y no es extraño que los habitantes de estas zonas sientan que están en un zoológico humano. El denominado poorism convierte, de manera vergonzosa, la pobreza que sufren cada día millones de personas en un próspero negocio.

El Favela Tour fue el punto de partida. Turistas europeos y norteamericanos visitan desde hace quince años las favelas de Río de Janeiro. Por unos 60 dólares consiguen su visita guiada con historias de robos, de narcotráfico, de policías corruptos y otras historias de estos lugares, donde vive un tercio de la población y donde entre el 2002 y el 2006 el número de niños asesinados duplicó al de niños muertos en la franja de Gaza. Pero la miseria no es un impedimento para los negocios de estas empresas. Al contrario, la han convertido en su gran baza. El ejemplo más claro es el tour por Rocinha, el barrio de barracas más grande de América Latina. Si al principio lo visitaban unas 15 personas al día, ahora cuenta con miles de turistas cada semana que se deleitan con una realidad que para ellos no es más que un espectáculo.

Lo más preocupante es que este modelo de turismo se está expandiendo. En 2005 comenzó en Buenos Aires el Villa Tour, que anima al turista a sobrevivir durante una noche en zonas conflictivas como la villa 31. Estos servicios se promocionan también en Sudáfrica, India y México, e incluso en ciudades de países industrializados como Holanda y Estados Unidos.

Hay otras modalidades de “reality tours”: los organizados en Tailandia y Sri Lanka tras el Tsunami en 2004, o los que llevaron a muchos turistas a visitar Nueva Orleáns tras el huracán Katrina en 2005. En Sierra Leona hay viajes por zonas restringidas cuyo atractivo reside en la posibilidad de ver explosiones en directo. Y a estos se suma el llamado “turismo piquetero”: algunos jóvenes europeos permanecen durante unos días en Argentina con una familia de piqueteros para vivir las protestas.

Son las múltiples caras del turismo de pobreza, que las agencias justifican como una buena forma de ayudar a estos barrios. Aseguran a los turistas que el dinero recaudado será destinado a fundaciones benéficas para proyectos sociales. En cambio, la mayoría de las veces se trata de una farsa y, cuando hay ayudas, estas no suelen superar el 4% de los beneficios, según un estudio de la Brock University canadiense. Las fundaciones comprueban entonces que la promesa es, como mucho, el falso compromiso con el que guardar las apariencias.

Otro argumento muy defendido por los promotores del poorism es que fomenta la sensibilización respecto a la pobreza; sin embargo, uno se pregunta cómo puede hacerlo si su principal motor es la perversa curiosidad de quienes sólo buscan un espectáculo similar a los que ven día a día en televisión. Como Secret Millonaire, un reality show que la cadena británica Channel 4 emite el próximo mes. Cinco millonarios jugarán a vivir durante diez días en barrios marginales ingleses con el subsidio de desempleo.

El periódico inglés The Guardian publicó un reportaje muy revelador sobre el poorism en Nueva Delhi. “Aquí es donde viven los niños de la calle”, explicaba una guía a los turistas mientras sonreía. “No sé por qué la gente viene y nos mira”, se preguntaba Babloo, de unos diez años, poco después.

La pobreza es el resultado de un sistema injusto del que somos partícipes y, por tanto, responsables. Todos deberíamos luchar contra ella y, del mismo modo, nadie debería sentirse tan ajeno como para ser un simple mirón y contemplarla sin inmutarse. El turismo es una forma de conocer lugares, personas y culturas, pero no puede ser otro medio más para perpetuar la pobreza. Y menos aún un turismo tan perverso que no respeta ni la dignidad de quienes la sufren.

19 agosto, 2007

El hombre invisible

Del hombre invisible no quedará mucho, pensaba. No al menos una esquela reflexiva, de esas que homenajean a uno por lo vivido, y no por su muerte, en alguna columna de cualquier periódico o en cualquier reportaje o pequeña noticia; peor, ni tan siquiera en una de tantas ágoras improvisadas por su ciudad. El hombre invisible era eso: invisible. Murió hace poco y Nadia aún no entendía por qué fue tan injustamente olvidado. Las apariencias engañan, claro. Y las palabras. Y la memoria. Como en aquel anuncio de telefonía móvil: será que si no lo cuentas es como si no lo hubieras vivido. Y los actos no los conocen; así mueren en el momento; así muere el beso al amor que descansa; así se borran tus trazos, como si el arte fuera el museo. Pero yo aún te recuerdo, no te preocupes. Ve tranquilo.
Y, sentada en su despacho, seguía pensando en él, que trabajó hasta hace nada un piso más abajo. Nadia bajaba alguna que otra vez a ver a una amiga, hacer fotocopias o discutir con el jefe. También vivían cerca, por lo que las tiendas del barrio les reunieron puntualmente. Ante todo era conocido por su timidez, y esa tremenda capacidad para aislarse de todo y escapar del prójimo, pareciendo no existir. Pareciendo… Muchos le llamaban, las pocas veces que le llamaban, “el soso”; otros “el amargao”; tampoco faltaba “el raro”. Y nada más; nunca se acercaron a preguntarle qué tal o por qué llevas esa cara. Claro que ni siquiera tenía una mayúscula para nombrarle. Amigo, Compañero, Tío. Hubiera bastado con un Raro, o Soso, con S de Sabes que estoy ahí. Ella tampoco regó la primera letra, por eso del tiempo y los cambios, la timidez o el miedo a conocerse, darse más y más cabezazos contra un muro de averigua qué. Pero sabía que él no era como todos creían. Los supo un día, cuando fue a pedir un día libre al jefe. Al entrar en la sala, él estaba ahí, con los ojos tristes que últimamente se dejaba poner. Al salir se detuvo a hacer fotocopias y, como estaba cerca, le oyó hablar con su madre. Sin saber por qué curiosidad, dejó la máquina y, simulando que ordenaba varios documentos, acomodó su oído a la débil voz: sí mamá, estoy muy bien, sí sí, ya sabes que me encanta mi trabajo y que cuando salgo me esperan en casa, ¡¿qué más se puede pedir?! Pero no era así; ella lo sabía. Todo el barrio lo sabía. Su mujer estaba con otro, sus hijos se fueron con ella, y el trabajo, claro, es muy distinto si nadie te espera a la salida. Quizá por eso llevaba aquellos ojos. Seguro. Pero ella le vio así, esbozando una sonrisa con cada palabra, como si le fuera la vida en soñar junto a su madre para que ella le pensara siempre en esa nube y no tuviera nada por lo que preocuparse. Nadia se supo entonces absurda. Supo a todos absurdos. Se vio y les vio perdidos, hundidos en la imagen, la estrecha imagen, tan cerca de la mentira por pequeña, diminuta.
Aquel momento está ahí. Realidad. ¡Quién podría saberla! Comprender… Habría más momentos. Amor de aquellos ahoras. Hay ahoras que se esconden. Habrá tantos como segundos sin medir, que se escaparon con el impulso de un latido, un pum grandioso, ese que hizo que el universo se estremeciera mientras otros pum estaban distraidos. Es normal, pensó inmediatamente Nadia cuando la razón más utilitaria, fría, le llamó la atención. Puede que lo anormal sea estremecerme cuando lo recuerdo, comprender que somos demasiados y nos conocemos demasiado poco. La última vez que dijiste hola al entrar en la frutería yo podría haber sacado la regadera y hacer que mi hache sirviera de balancín. Pero recuerdo tus trazos. Sé que no es tarde. Los siembro y contemplo cada día. La tierra está húmeda. No te preocupes, ve….n tranquilo.

Hace mucho que lo escribí,
para los invisibles, porque nunca lo fuisteis;
cada historia está llena de historias, cada vida y cada alma.

18 julio, 2007

La pasión del alquimista (REBELDÍA)

Abrí los ojos en medio de la noche,
cuando te raja el vacío y el universo descorcha
una botella repleta de estrellas
debiera acariciarte con sus destellos.

Los busco con insistencia, nada hallo,
el cielo llora…también él es vulnerable
y si estamos tristes se vuelve invisible,
el alma humana necesita su ensamble
y no esta ausencia, en esencia
saber que te falta algo.

Aunque a veces salgo
preciso un inciso de felicidad
que me saque del letargo
y esta sed que me mata…
no me ates, sueño amargo,
si estoy loco es por un poco de libertad,
¿la cordura? no provoques, déjala en su lugar
para el vencido,
ya decidí
que respirar así es preparar en la huida
a mi alma para sus duelos:
mira al viento, emprende el vuelo
y si anhela un recuerdo funde otro baile.

Es la memoria con pianos,
cogemos el tempo y lo sentimos
y si en la oscuridad lo perdemos
aprendemos a leer en braile…

El tam-tam que tiñe el aire
es la pasión del alquimista,
poetas también añoran tiempos remotos,
y le piden tintas
para marcar sus versos,
dejar la huella en verde intenso
es como aclamar al universo
y repetir:
no me ates, sueño amargo…
respirar:
comparte destellos si ves que tardo.

¿Sabes? Necesito tus caricias,
sentir que soy parte de tí,
luego escribir unas líneas
como mensajero de un porvenir.
Ser más felíz.
Si todos sintiésemos…
Si todos pudiésemos…
Si todos…
Cerré los ojos,
no te enojes
luz de un nuevo día,
mira esas hojas…
el rocío las empapa de rebeldía…
Dentro de poco despertaré
y las observaré:
demasiadas miradas
soñando esos detalles,
extraño será que no estalle
con la venia o sin ella,
…lo siento señoría…
Si ayer la justicia se perdía
hoy es el momento;
los estantes llenan tanto
acogiendo utopías…
Son verdades prematuras
y la locura no es mía,
es de todos, codo a codo
podríamos escribir sobre su lodo,
pues el rocío lo decía:
DÍA A DÍA BEBER LA REBELDÍA

28 diciembre, 2006

INOCENCIA Y SUEÑOS

Crecen los niños, sueñan los primeros
y lo hacen despiertos, sin pretender quimeras;
advierten y juegan las contradicciones:
incesantes preguntas, inocentes explosiones.
El mundo se detiene, no acepta
que le revelen: mundo imperfecto.

Pero los niños sueñan,
deshacen los peldaños
y con empeño ruedan
sin saber de la gravedad.
Acarician la verdad
cuestionándolo todo,
Y suben, suben…
¡Ya lo creo que suben!
Sepultan el lodo,
se acercan a tu lado
y te ofrecen sus alas:
¡Sube, sube!
Ya lo creo que subo.

Aunque te muevas y caigas,
levanta, nunca digas
que no puedes
¡si te ayudan!
¿Olvidaste esas alas?
Exhala, exhala…
La esperanza
no es un cuento de hadas,
es una danza,
late desde que naces
y aunque la disfraces
late, es vida que mece,
el Ahora que mereces.

Crecen los niños, sueñan los primeros,
se hacen mayores y olvidan quimeras.
En este mundo imperfecto, dicen,
el sufrimiento es seguro, también cicatrices
y nada cambiará por mucho que analices.
Pero la luz se enciende,
un momento, para…
¿cómo entender lo que no se entiende?
sólo un sentimiento te ampara:
o ahora ó nada.
Y sueñas,
Aunque caigas sueñas…
Y subes,
Aunque cueste subes…
Porque sabes que puedes;
eso, que no me lo roben.

13 octubre, 2006

Sus pies de barro

Estaba cansada. Medianoche. Quince minutos habían pasado desde que cruzó la puerta y entró en casa, tras un largo día de trabajo. El colchón le llamaba insistentemente, a la par que su hermano y otra chica con la que compartía piso lo hacían desde el salón, donde el televisor también resonaba al comienzo de cualquier teleserie. Pero ella no escuchaba. No quería. Necesitaba algo de soledad y, sobretodo, un poco de calma. Demasiadas preguntas y ni siquiera había podido sentarse a contestarlas. Así que volvió a abrir la puerta, esta vez para salir sin prisas. Escapó del portal y poco después de cada calle.

Por fin llegó al parque. Se tumbó cerca del río. ¿¿??. Algo fallaba: las estrellas de anoche no estaban allá arriba. Como siempre, las necesitaba, y no comprendía aquella ausencia. Quizás por eso su cara se tornó triste y una lágrima descendió lentamente hasta su mejilla izquierda cuando, tras incorporarse, cerró los ojos. En ese preciso momento comenzó a llover.

Una inmensa torre resplandecía de forma tenebrosa en medio del desierto. Bajo aquella siniestra construcción había nacido años atrás un bello oasis, lleno de vida, pero la autoridad y su peso no entendieron de respeto y sepultaron la savia. Ahora solo quedaba aquella torre, y el resplandor de un festival de velas que había comenzado en su interior con motivo de la reunión de los poderes y sus máximos representantes Abusos les llamaban a su llegada, en recepción. Ésta se encontraba a 20 metros de altura, donde fue creado un parking para aviones que permitiera alejar a los invitados de la muchedumbre que desde hacía años acudía hasta allí y desde abajo gritaba pidiendo ser recompensados por los daños causados, puesto que el oasis era el único recurso que los lugareños habían podido disfrutar para vivir más justamente desde que nacieron. Como respuesta, desde la primera protesta los dueños de la torre lanzaron toneladas y más toneladas de tierra sobre los manifestantes, de modo que estos tenían que correr y escalar para sobrevivir a cada uno de los ataques; además, también tenían que estar en estado de alerta constante por si acudían las máquinas de los amos, cuya misión era prensar la tierra de modo que esta, en bloque, sirviera de base a la torre y ésta fuese cada vez más inaccesible.

Aquella noche el cielo el cielo se cubrió de estrellas como nunca antes alguien hubiera podido imaginar. Una tras otra, llegaban y descendían; a ojos de los lugareños, parecían acercarse a verles a ellos, y también la torre y lo que allí ocurría. En aquel momento, grandes montones de arena empezaron a caer desde la torre. Muchos quedaron sepultados; otros consiguieron salir, pero rápidamente comenzaban a escarbar en busca de quienes faltaban. Los gritos no cesaban. Tampoco el desesperado movimiento, ni la agonía de la búsqueda aún incompleta… Hasta que todo se paró y quedó tan solo el silencio del sufrimiento y la rabia meditada, que no es tanto silencio si se escucha con los sentidos. Pero no se podía hacer nada más, sólo dejar pasar a la impotencia. Todos se fueron con ella a casa, probablemente. Cuando ya no había nadie bajo la torre, aún se podía oír dentro de ella el festejo, el baile y las risas de los amos y sus invitados, que en ningún momento habían parado de celebrar su reunión. Fue entonces cuando las estrellas, que habían visto todo lo ocurrido, comenzaron a llorar. Ellas, sueños eternos, necesitaban desahogarse, pues no eran, ni mucho menos, de piedra. Y millones de lágrimas cayeron. Los dueños de la torre no habían previsto aquel llanto. No previeron que en aquel desierto fuera a llover de ese modo. Por eso la torre empezó a hundirse e inclinarse.
Desde la lejanía, tras las dunas lo vieron quienes minutos antes habían tenido que huir. “¡Mirad hermanos! ¡La torre está desapareciendo!”. Y así era: la bestia tenía los pies de barro.