26 junio, 2015

KILL YOUR IDOLS

Qué lejos queda la persona a la que llegué a admirar, en la que confié de cara a las europeas ¿Qué es lo que deteriora la actitud de una persona? ¿El poder o la ambición? Ambiciones tenemos todos y no se nos va tanto la cabeza. El poder suele perturbar ideas pero también crear crisis interiores a las buenas personas, de las que salen aprendiendo algo (buenas personas, insisto, con su mijita de empatía, su cuarto y mitad de coherencia). 

Aunque, claro, puede que viva en los mundos de Yupi, o el de los hippies, el de los punks, y resulte que todo en mi entorno es mucho más afable y ajeno a la mierda. Que me facilite ser más coherente, empático o gilipollas ¿Pero votar a alguien así? 

Más le vale, de cara a las generales, torcer un poco el rumbo hacia la presidencia que permanece inmutable en su cabeza. Que, por el camino que lleva, no va a ganar nada. Va a ser un ciudadano ambicioso sin consciencia del montón, de esos que intentan subir pisando cabezas y cuando caen, se encuentran a los hombres libres, despojados, pidiendo la suya. Anda que no hay en España rencorosos de mierda, reinas de corazones sin corazón. Y entonces se quejará él de su vehemencia.

Frente a quien no atiende a resultados de elecciones previas, frente al ciego de confluencias, si yo fuese Alberto Garzón, me salvaría también del ciego que da la opulencia. Ahora que todas desvirtúan las siglas, ahora que la "regeneración" política se aferra a ellas. Le diría "sé que puedo ganarte las Primarias, puto neandertal, pero antes que eso me armo de paciencia".

No suelo escribir aquí de política, solo sentía que se acercan las generales, y ya nos gobiernan bastantes bestias. Que Kill your Idols no es sólo un temazo, es una sana afrenta.

14 junio, 2015

LA AURORA

Hay un meteorólogo diminuto en mis entrañas
dirigiendo con destreza su puntero
hacia las telas de una vieja y confiada araña.

Se pregunta por qué no limpio el invierno
y yo respondo "para qué lo quiero"
en esta primavera que todo lo empaña.

Me pongo fresco para limpiar, 
con la música a todo trapo
y saco una bayeta de esas modernas
con microfibra para un buen rato.

Empiezo a cantar,
sin percatarme de la vecina del quinto
que, insistente, llama;

vivo en un bloque de tres pisos
y a veces no me percato
que si se mide en Alegría todo es distinto.

La de las gafas de sol,
que antes ocultaba la angustia de su laberinto,
denunció y ahora vive sola
con los ojos desnudos de su propia aurora,
las miserias encarceladas y la libertad riendo,
cantándole a todo por puro instinto.

Unos golpes a la puerta, abro;
me enseña un ramo de flores 
y dice sonriente
"a ver si sabes a qué huelen".

Le respondo que a primavera
pues apenas sé de flores, pero creo reconocer
a qué clase de olor se refiere.

"Hay que ver, este muchacho...
¡Que no hombre!¡Que huele a vida!
¡Y eso ni del tiempo depende!"

UNA VEZ

Una vez morí. Corría un año sin número en una estación sin nombre. Sucedió tras un instante de esos que saben a frío y asco de tanta pena. O, mejor dicho, muchos. Instantes sumos y seguidos. Bien sabemos todos, aun sin estudios, que de un solo instante no muere nadie salvo que sea ahí fuera, en una ajena y repentina tragedia. Por dentro no, no muere nadie por un solo instante. Ni el canario de las soledades entonadas, fallecido siempre en mitad de las vacaciones de quien le enjaula.

Pero no quería yo hablar de la muerte, es tan común como aburrida. En un día impar de una estación florida, ya reinventado el tiempo, volví a verla. La chica de los ojos abismo y la sonrisa rebelde no era ella misma aquella tarde, con sal de olas desbocadas cayéndole diminutas por las mejillas. Le pregunté “todo bien, ¿no?”, con la irónica frialdad que mi coraza autoriza. Ella río por un momento, pero sus gafas de sol ni por asomo tapaban ese invierno de entrañas, color azabache, que en su boca apagaba el final de cada frase.

¿A qué llora? ¿Cuál de sus Yo habrá olvidado en la reyerta? ¿Acaso el verdadero? Que a menudo olvida desde que la conozco, por el que tanta alegría he construido y tantas ruinas describí, en esta osadía de soñar nuestras ideas (alas, piernas,viajes, locuras y pseudociencias) enredadas.

No me jodas ¿Qué cojones le digo ahora? Cuando cada lágrima es un bloque de hormigón aplastando aquel amor, eterno primero y, después y contra mí, fugaz, es difícil no pensar que la utopía y el tiempo casi nunca coexisten.

Qué coño le iba a decir. Ella buscaba, como yo busqué, un tesoro. Una suerte escondida en la isla que todos tienen en los mares propios, esa donde sólo naufraga uno mismo. Cada uno un mar; cada uno una isla y cada uno un cofre. Qué decir, ahora que vivo feliz, abriendo cocos, navegando a otros mundos, aunque sepa que ella, sin querer ni tener las llaves, aún brilla en el mío. Cómo explicarle que Todo Pasa sin que parezca un cumplido. Que sonriéndose uno ata las mortajas de cualquier tristeza, una vez pasado lo repentino. Que así se renace y así se avanza, y “Lo pasado, pasado No está”, pero es nuevo presente. Un ahora dibujado por dedos mucho más ágiles, creativos y alegres. Murales increíbles, de tantos colores que el blanco y el negro parecen un chiste.

No quiero yo hablar de la muerte, tan común como aburrida, pero mientras buscaba algo que decirle recordé que una vez morí. Y sólo articulé un silencio cómplice, una tristeza muda. Mientras callaba, yo mismo me ataba y, mientras me ataba, nos sonreí. Por si acaso la teoría se practica también al compartir. Por si los adentros se comunican y saben de un Te quiero feliz.


DOS ESTRELLAS

El bebé que al rato fue persona
hecha y derecha,
y poco después justo al revés,
de nuevo pequeña,
abrió sus ojos de golpe
al mojarse el quitasueños
y moverse al son del viento
hasta desengancharse y caer.

Era noche de tormenta,
contra todo convencido pronóstico
del hombre del tiempo...

¿Cómo iba a poder asegurar nada él?
De haber anticipado
unos ojos tan brillantes y abiertos.

El niñó gritó
un miedo ininteligible en significante
pero muy claro en su contenido;
asustó hasta a la luna,
entonces en pleno cuarto creciente,
tal que puso su tobogán 
a disposición de los ángeles capaces
de menguar el insoportable alarido.

El niño vio entonces dos sombras
y sin apenas descubrir de quienes eran
giró su universo recién nacido.

Una protectora y llena de coraje,
con las arrugas preciosas de saber luchar
y el ceño fruncido de aún poder mucho más
clamando al tam-tam del sacrificio.

Otra, más pequeña y similar a él,
niña-adulta-niña según qué sastre la mida,
según la memoria o el presente,
según qué sonrisa corra libre y persiga
al pájaro loco que picotea su olvido,
el amor y la vida a puñados repartidos
en el campo de círculos donde crece el trigo.

Él se giró a mirar y con tan sólo creer
empezó a volver a respirar,
a dejar de llorar y poner 
la mueca oficial del genuino bebé.

Ocurrió mentras discutían el tema capital:
cómo secar las mejillas tristes,
cerrar los ojos y calmar las pequeñas manos
que se agarraban a sus meñiques
como si la alegría dependiese de su siembra.

¿Estaban acaso equivocadas?
Tras esa paz de apretones y estrechos improvisados 
que a las sombras sucedían desbocados
para dejarle sentir y ser sin una sola prebenda.

El niño hoy avanza libre gracias a ellas,
y el hombre también,
pues así ¿Quién quiere dejar de crecer?
A gatas, a tientas y cabalgando sin riendas...

Recordando que tras aquellas sombras 
se asomaron, clamando paz,
las dos estrellas más preciosas
que nadie vio brillar en su primera guerra.

MÁS FÁCIL

Ella escribió "así es más fácil",
tras la rabia respiré y mentí al decir que sí,
con la cínica idea de conformarme.

Como si fuese razonable acostumbrarse a fingir
y gemir dentro de un colchón hinchable;
tanto había luchado y en mis batallas perdido
que, sin más, me limité a asentir
pues no hay más bruja que uno mismo
si elige ser antorcha de su propio akelarre.

Después quemé recuerdos, ardieron diarios,
negro techo y grises paredes, 
menguaron fotografías, reducido el calendario.

Un incendiario sueño de verano

...Y al despertar
veo que todo ha sido en vano,
mientras me despego de las legañas, 
al trasluz de la memoria;
que cuando la voluntad se empeña
el pecho no deja de decir.

Ni las tripas se olvidan de gritar:
que no se hace la nada así como así. 

Y REIR ASÍ

Decía la profesora que nos callásemos,
con ese tono tan suave como doliente
de quien se cree educado pero impone
desde el velo de la propia ceguera
que nunca retira por miedo a revolverse.

Decía la profesora que nos callásemos
y, de repente, todos reímos sin pensarlo,
una carcajada llena de ruido y perdigones
pero amplia, sana e inconsciente.

Ni un improvisado director de orquesta,
ni pentagrama alguno marcando la protesta;

ni tan siquiera pretendíamos ni ser valientes.

En la Escuela de los errores
hay mentores intentando persuadirte
por si de tanto quitarte la ropa
lo que desnudas son sus propios temores.

Pero las niñas se suben la falda,
los niños se sueltan la camisa
y algunos traman hacerlo justo al revés.

En la Escuela de los horrores
y en el colegiado error que es esta vida,
así pensada, con tantas taras
y tanta suerte mal formulada y mal repartida,
recuerdo cuando no hice caso
y reí sin para ni a pensarlo;
menos mal que lo aprendí la primera vez.

Sin reir así, qué sería de mí.

01 junio, 2015

45123 DÍAS

Tan a tientas me perdí
en esa estropeada primavera
que olvidé el camino para conocer
esta otra inédita estación,
verde e impaciente, esperando a renacer.

Y, joder, no veas si llueve,
con ese cálido y anónimo tintineo
de lo que inspira y nunca duele
y, cuando menos lo esperas, para.

Las flores de los cerezos son órganos vitales;
para qué, si no, tenemos ojos en el corazón.

Escucho un leve silbido
haciendo bailar hierba, hojas y ramas,
y el pájaro replicándole el canto o los gemidos
o, según le da, innovando...
Para qué, si no, tendríamos oidos.

Me como cada regalo de la tierra,
cada sonrisa rebelde que se sienta sobre ella
a tocarle las cosquillas al futuro sin cascabel
para que ría un sueño prohibido.

Rozo la mirada esquiva
para decirle que, de este reino, las más bellas
son las mentes que construyen debajo de la piel
y su arte es toda una vida.

Rompo las pirámides de cosas,
la propiedad y las libertades deshumanizadas;
el drama sin motivo y los motivos para un drama,
los disgustos y las máscaras que pueda ahorrarme,
como esa mueca de quien aún te sonríe
por la egoista necesidad de volver a recuperarte
aunque por tí no sienta absolutamente  nada.

Proclamo, en nombre de mis sentidos
y un sentido homenaje a quienes la hacen posible,
la Alegría en todas sus locas formas
y no tres, sino 45123 días sin media asta en las banderas, 
volando allá donde quieran
sin suelo alguno que obligue a un Basta.

Para que sepan por ahí de los infinitos colores
que comparten y separan pesadillas y quimeras.

Como pregunta siempre, cuando vuelves, la primavera
¿Cuál de ellas pinta tu mejor persona?
¿Cuál de ellas te dibujó más honestamente libre?

Siete diferencias entre la flor de plástico
y la de los cerezos que miraste
que única nace y así de única se extingue.

Siete diferencias, siete,
entre el yo de antes y el Yo que ahora escribe;
unopalabras, separo verbos, letrassinplanes...
Me vivo inmerso, Ahora resiste. 

19 mayo, 2015

SIMPLEMENTE ARDE

Qué delirio
comprimir kilómetros, girar manecillas de relojes,
quemar futuro de calendarios, verterme en bidones
y mirar las sombras siendo el fuego de esos ojos.

Qué tontería,

piensa la luna cómplice que nada dice;
qué va a decir, si ya he prendido
y mientras más me avivo menos me comprendo.

A la luz del día vendrán

perros sacando a hombres a pasear
y quizás se detengan a oler las cenizas.

Quizás algunos ojos las vean entonces

y la boca de alguien emita un juicio razonable,
cuando ya no exista allí ni quiera,
tan harto de tener oídos para escucharles
puestos de estereotipos y orgasmos precoces.

Seré viento entonces, sólo viento,

fuera de mi frío cuerpo
donde el aire sobrevive a las voces.

Donde la nieve muere humeante

y, sin pasar por agua, simplemente arde.

Sé lo que vivo y no es un sueño...


Ya lo escribió Ángel González.

17 mayo, 2015

TOURMALET

Me cuesta no pensarte,
en la inconsciente revuelta de neuronas
que sin permiso levantan su voz
en mitad de la clase, contra el ajetreo de esa calle
y los despistes hechos murmuros en mi cabeza.

Me cuesta no pensarte
en mi improvisada teoría de tus mil maneras:
tan cotidianas como preciosas
cuando sonríen, cicatrizan o, sin más, se desperezan.

Me cuesta no imaginarte
en tu distraida condición de pasajera
leyendo junto a la ventana.

No proyectar tu sano apego a la vida
sembrando campos de latidos, oliendo las flores
que crecen pletóricas desde la rama;
enfrentada a problemas, despejando temores,
haciendo reir a la X cuando es igual a drama,
poniéndole y ajustando las bridas
que la sostienen a un valiente "Cada mañana".

Me cuesta no pensarnos 
compartiendo la piel erizada entre las telas
cuando el rocío te abre los ojos,

o cabalgando onomatopeyas entre las viñetas
de un dibujante que ríe trazando
el Cómic más divertido sobre dos locos dichosos.  

No regalarte el olor del café
si anoche te pudo la duermevela
o el sabor de la cara C de una tostada,
si los sueños te dieron hambre
con su incansable síndrome de Estocolmo. 

Me cuesta dejar estar a los Imposibles,
dejarles hacer con su adicción a los cerrojos...

...Tan absurdos, tan de mentira, tan poco creibles,
pero a la vez tan jodidamente reales
cuando sacan un reloj y un mapa de su placa
para anunciar su distopía: nueva orden de desalojo.

A(L)TAJO

Caminé de puntillas durante todo el invierno,
por miedo a despertar a los monstruos de un sólo ojo
que, a pesar de su tara, ven en 3D tus pesadillas.

Sin querer tropecé al final del pasillo,
les sentí moverse y me dio dentera
mas, por suerte, ya no podían alcanzarme.

Tenía tres cuartas de cuerpo bajo las luces,
había caido de bruces, sí, 
pero bajo la puerta de una nueva primavera,
donde casi ni duelen las costillas.
  
El salón estaba lleno de ventanas,
tantas que me costaba distinguir la pared...
Tantas que la atravesaba, sin querer, la mañana
con su haz de vida capaz de hacerte estremecer.

Ya dentro, me invitó a asomarme,
mirar al horizonte y saludar al verano
para pedirle un deseo a su mundo llano
desprovisto de dramas, vacíos y atajos.

Después de formularlo saqué una cometa
hecha con un plano impreso del Google Maps
y mi habitual falta de desparpajo.

Al rato llovieron 216 camas elásticas hinchables
y el mapa con otros tantos puntos ya situados
bajo un titular tan conciso como inigualable:
"Todo comienza con una forma divertida de ir al trabajo". 

06 mayo, 2015

NATURALEZA MUERTA

Galería de arte anunciando,
sólo hoy, 
un nuevo fenómeno de masas.

Todas las salas vacías
menos una, 
donde 3718 ojos se aplastan.

Cuentan que era la única sin cuadros,
tan sólo un marco sobre la impoluta pared blanca,
pero fue unánime la ovación.

El artista, a sabiendas...

Del universo de venas abiertas,
abstracción sin sentido ni destreza,
retoques en revistas, culto a la delgadez
y maquillar el nuevo no saber crecer
pervirtiendo la belleza...

Lo tituló "Naturaleza muerta".

Y el resto de su vida 
lo volvió a pintar en la calle;
en las noches, en los cuerpos entrelazados
y las risas de los nadies
que sólo a los ojos y las manos les ponen nombres.

Todas, estas sí, 
aunque sin aplausos ni delirios de grandeza,
catalogadas en algún corazón 
como sencillas pero valientes obras maestras.

QUE NO, QUE NO

De un lado la cálida luna despidiendo su alegre noche;
del otro un traicionero sol anunciando el día siguiente.

Siempre fue el cielo alto valle de temporeros,
tan certeros en sus emboscadas como poco acostumbrados
a que les desdigan el sentido de su corriente.

Pero hoy no,
hoy les digo que No, que Me niego
a ignorarme los decibelios, ya indomables, en la tripa;
el tam-tam en esta selva de animales sin miedo
que se rebelan sin pensar si les consienten
las horas y los peros con que el orden siempre limita.

Le digo que no al reloj,
que No, QUE NO,
que no me bajo de esta sonrisa.

Que quiero seguir sentado en sus labios,
donde todo es más y más precioso según se ríe;
donde nacen las gomas de borrar lo vanal 
y crecen lápices para nuevos abecedarios
que los dedos descubren viviéndose sin esa prisa.

No puedo, ni me apetece,
bajarme y dejar de admirar el mundo según su lengua
mientras balanceo las piernas y su boca me tiñe de colorElla;
mientras pellizco sus labios y siente las cosquillas  
y, en el crepúsculo que dibuja la longitud de onda de su carcajada,
descubrir que aún me queda mucho por aprender a describir
para poder sentir que conozco la belleza en su verdadera esencia. 

Que desde aquí puedo verla libre,
lanzando cubos de locura al aburrido horizonte
que otros enmarcan sin preguntar
a la justa altura de clavar un marco en su frente.

Perros que aúllan, lobos moviendo su cola,
caballos que sobrevuelan pájaros galopantes
y cantan su pura alegría;
a ver si acaso pegarle algo al resto del tiempo
de mecánicas vacías para agujas indecentes.

Que no, que no;
aquí me quedo por mucho que digan
que ser realista nos hace bien
en el imperio de las lentes sin pupilas.

Que no, joder;
que todo es una sarta de mentiras,
que a cada beso se me agarrota un verso
en la garganta del corazón
siempre cantando en primera fila
contra ese mundo ajeno a lo hermoso y sincero,
incluida la ingenua utopía.

NO HAY ÚLTIMAS BATALLAS

No hay últimas batallas,
ni sólo armas, piedras, personas caídas
y banderas cosidas a tiros
en los balcones y tras la barricada.

Pierde quien se da por vencido,
del otro lado sólo intuyen o fingen que ganan.

Tan sólo interpretan, dicen perdonar
hasta que tienen en su mano tu corazón
o bajo sus pies tu dignidad,
cuando empiezas a no medir ni tres cuartas
y tu altura les sirve de coartada
para hacerte sentir que vales menos que nada.

Pero la guerra nunca termina;
a pesar de la tensa tranquilidad
que se respira en el corro sin clases
y en el patio sin pausas para el recreo 
donde se juntan cada tanto los viejos enemigos.

Sólo existen miedo, indiferencia y ego 
y el siempre interesado y variable invierno mental
de un enfrentamiento que nunca llega
pues la mentira siempre viste mejores abrigos.

Querer imponerse o no posicionarse,
eterno binomio de la irrealidad extrema:
animales caprichosos y estúpidos
en libro de la selva, dando vergüenza ajena.

Jugando a saltar sobre la balanza
de una verdad universal, incuestionable e innata:
no ver las sombras de la propia hipocresía
hasta el absurdo día del juicio final,
ese lugar donde ni la nada sirve de nada.

"No sabía yo que, después de todo, me arrepentiría".

Sí que lo hacías, 
pero más fácil que luchar es tragar y seguir
como si eliminases al viejo Yo
que nadie aguantaba, abrazaba ni comprendía...

..Ese al que nadie esperaba y ahora no te espera a tí
cuando bajas del tren en tu nuevo mundo 
de máscaras con billetes hacia estaciones vacías.

26 abril, 2015

DEL NUDO AL MUNDO

El niño enclenque de la clase caminaba siempre solo y cabizbajo de vuelta a casa. Lo que se dice andar, andaba, aunque de esa forma inconsciente de quien siente vivir sin aire dentro de su propio estómago. Pasaban los cursos, los veranos con sus septiembres, y el niño de la cabeza gacha se hizo adolescente escuchimizado y, al poco, joven canijo, si no esmirriado. O, peor, birrioso. 

Con aquella manía suya de no distinguir metáforas y sinónimos, confundió las pruebas de acceso a la universidad con las de acceso a la vida. Y, claro, suspendió. En los ratos muertos de aquel verano perdido hizo una pausa para soñar una montaña de libros que, de saber escalarla, le llevarían a ser la persona decidida y fuerte que siempre había deseado. De tal manera la soñó que, una vez despierto, sólo leía. Con vehemencia saqueó la biblioteca de su madre, alias “la ducha”, “la de letras” o, según el vecino, “la biensabía”.

Y entre líneas entendió que los sueños, sueños son, pero también pudo saber de las utopías. De su máxima forma, el Amor. Del tránsito al Des-, y cómo un prefijo tan pronto mata como luego inspira. De las paces y las guerras, de rabias que llevan al odio y otras que desembocan en rebeldía.  Hoja tras hoja, supo del llanto, nacido a veces de sufrimiento y otras, más saladas, de puro alborozo. De la sonrisa falsa en el lado oscuro de un abrazo. De la sonrisa llana y esdrújula que es regalo sin reemplazo, en la amistad de siempre y la agradablemente repentina.

Según pasaba hojas, descubría un mundo hecho de letras, y al salir a la calle, cuál era su asombro, otro mundo hecho de vida. Quizás más imperfecto pero tan parecido, al imaginarlo con sus nuevos ojos, que cuando se quiso dar cuenta los tenía siempre totalmente abiertos. Cerrar, lo que se dice cerrar, los cerraba, pero de esa forma refleja del casi imperceptible parpadeo. Y la cabeza tan alta que por fin supo lo que es mirar los ojos de otros. De igual a igual, como indios en las buenas novelas de caballerías, las historias de amores correspondidos y los capítulos donde el oprimido no se arrodilla. 

Cuando volvió a mirar el calendario, era mucho más fuerte y decidido. En aquel septiembre sí que aprobó, y con nota, la universidad y, en adelante, su vida. Y partió a una nueva ciudad, no sin darle un largo y sentido abrazo a su madre, que quizás algo no sabía. 

Su hijo, el que vivía sin aire dentro de su propio estómago, había aprendido a subir al mundo por cada uno de los nudos acumulados en su garganta. El mundo, lo que se dice mundo, ya lo conocía, pero no desde ese precioso lugar... La asombrosa intemperie de uno mismo.   

15 abril, 2015

NUESTRAS TRECE

En el solsticio de uno mismo
amanece y el sol se pone con más asombro
y el despiste del joven
para a ser voluntario deleite.

Los niños que rápido querían crecer,
ahora rebuscan en sus adentros
cuánto queda vivo aún de aquellos
tras la deshumanizadora barbarie.

Qué extraña dulzura la del tiempo ¿No?
En su paso insobornable por lo antes futuro
cada vez más diminuto e incierto,
más sensible a la luna de su interperie.

Y qué locura descubrirte revolviendo
a ver si hay cosquillas de tu talla,
para volver a volver a mudar la piel
en el mercadillo de los Yo aún despiertos.

Que según mudamos, crecemos;
por suerte también,
pues sólo así podemos aprender.

A sumarle a una boca abierta dos ojos,
y las incalculables contracciones del músculo
por el que gracias a dos existimos;
y las mentes que nos abren las puertas
de los escondrijos más bellos del camino
en este absurdo caos lleno de cerrojos. 

A dejar de oir para escuchar,
a rozar y no sólo morder la piel
por aquello de saber sentir sin poseer
en el caleidoscopio de bocas
de las muy y muchas formas de comerse.

De correr por el valle y solo pisar
pasamos a querer tumbarnos
y escuchar el viento al soplar la hierba.

De estar frente a una montaña y querer escalar
buscamos una mano amiga o amada
que sepa agarrar la nuestra, llegue donde llegue.

Lo importante ya no es la meta ni participar,
anda que no hemos bebido a morro cambiando
cada rincón de este puto y vacío mundo de mierda;
toca reir el camino sin matar las fuerzas
y parar para respirar... PARA! Si apetece.

Ya lo llenaremos cuando sepamos seguir 
en el nuevo bisiesto de nuestras trece.

13 abril, 2015

HAMBURGUÉS

Te leí sin querer en la red,
haciendo honores a tu propio juicio final.

Menudo museo de horrores...
Debes ser multimillonario y cobrar entrada,
con esa capacidad de empatizar.

Seguro que vomitas para seguir comiendo,
y lo haces a escondidas, por lo que pueda parecer.

Seguro que te sorprendes a ver gente buscando
en contenedores de supermercados, al amanecer
y lo comentas, jocosamente, en tu despacho,
a un séquito que te odia pero calla,
pues quiere aprender a vomitar tam/n/bién.

Y va faltando la memoria para aprender...
Algo tienes que olvidar; imagínate qué.

10 abril, 2015

LLUVIAS DE ABRIL

Por desesperación hice magia con tu ausencia;
media sonrisa de las tristezas y delirios de las fiebres.

Con la pasión de un puñao de amor y cuatro de rabia
eché a correr cuando ardió el bosque
en el plenilunio de aquel verano salido de tus diciembres.

Y me tiré a rescatar las llamas
que con tu nuevo uniforme extinguías,
creyéndote que mis latidos eran solo una alegoría
y nadie puede morir de ganas de verte.

Tan acostumbrado a pasar el invierno
sentado en la orilla de un río,
con un cigarro y café siempre caliente,
leyendo en el reflejo del agua
ranas saltando, lobos aullando y peces sedientos, 
hojas cayendo y lunas en ciernes...

...Y, sin dudarlo, allí me fui.

...

Fumándome un zurrón de nadas lloré el incendio
frente a un rostro hecho de ondas
tan triste y jodidamente distinto a mí
que, deformándose, me miraba sin responder,
esperando como agua de mayo 
que nos separasen las lluvias de abril.

Cuando llegaron ya estaba tan triste y cansado
de dejarme la vida en no existir
que, una vez inundado el río de las mejillas mojadas,
me decidí a lavarme la cara y partir.

A replantar la vieja alegría
que antes de nosotros me dio un jilguero
al cantarme que dos se amaron, 
sin condiciones, antes de poderme parir.

...

Me lo volví a encontrar esta mañana
mientras pateaba girones de camino a casa,
despistado con las nubes negras
que competían en el cielo por poderlo vestir. 

"Déjate de eneros y ponle letra a esto,
que si hace sol y después cae tormenta
es que hoy sale de lleno el arcoiris
y merece recibirle con otro puto Hit"

A CUBIERTO

Escribo una apología del fracaso
porque de esa forma aprendo
las victorias las paso celebrando,
sin folios, tinta ni dividendos...
Río más si la nada me pone un copazo
y olvida equilibrar el refresco. 

Me dijeron que aprendiera a expresarme
también cuando estoy riendo;
me lavé la cara, tiré 167 cañas,
nos las bebimos todas y cuando surgió la utopía
te mandé un curso de pedagogía
hecho en castúo y pasado por un viejo Loquendo.

No me juzgues si no hay juez
en el calendario donde siempre me elije un invierno;
bien que toleras los monstruos
cuando hacen acto de presencia en el Parlamento.

A lo mejor es que se parecen a tí
y no reconoces lo que sutil crece en tus adentros,
en tiendas de a cien y bancos de cien mil,
en el precio que ponen al líquido en los conciertos
y el resignado símil de capitalismo=cubierto.

05 abril, 2015

MICROCUENTOS DEL MÁS ACÁ (V): VICEVERSA

Tanto la amaba que olvidó enamorarla. Ella justo lo contrario, frustrada, incapaz de comprenderse como entonces solía. En el día a día de su Amor en Roma se perdieron, sin darse cuenta, justo cuando, sin saberlo ni catarlo, más se querían.

MICROCUENTOS DEL MÁS ACÁ (IV): CLASS WAR

Sentados cada uno a un lado de la larga barra del bar. Uno con su tubo de uranio enriquecido; el otro con su jarra de cerveza. Mirándose, en silencio. Ambos con cejas amenazantes, ganas de escupirse y un implícito duelo de no parpadear. La guerra, dicen, es un odio correspondido que se llega a ejecutar. Al barman, más dado a la ingenua tregua, le preguntaron, como testigo, un día después de la lucha de clases. “Pues parecían buena gente, yo pensé que se querían liar”.