19 agosto, 2014

LA ENREDADERA

Siempre me habla de la primavera,
después abre la ventana
y baja a toda prisa por la enredadera
mientras sonríe y grita "espera!".

Decimotercer ático
en la ciudadela de las quimeras;
yo aguardo borracho,
a veces la veo pasar, mira hacia arriba
y repite "espera";
pero hace tiempo que no sube,
hacen diluvios de girones
y eones bajo este tejado de sinrazones,
por mucho frío que haga ahí afuera.

Envía postales, flores, y regaderas,
me pide que la recuerde
y vierta mi memoria por la fachada
para tener donde agarrarse
cuando el sol salga por Antequera.

Y yo la vierto, sin pensar
en cuánta me queda;
pero me aburro
y entonces me asomo y salto
y descubro que mis alas
no son de seda;
que la vida pasa y,
si realmente quieres,
tu cuerpo te sigue y vuela.

Allá donde yo quiera,
ni tú ni aquella memoria
que nos dedicó una vida entera.

Galopan mis quimeras
más allá del decimotercero,
donde no sé qué pasará
pero aún no duelen las espuelas.

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